Investigan en tu piel

Existe un laboratorio con fama de inaccesible llamado Google X. Allí, un selecto equipo de investigadores está creando tejido artificial para detectar el cáncer de forma precoz

Antes de intentar llegar a las tripas del laboratorio de Google, cualquier emprendedor debe considerar las tres exigencias del equipo de evaluación inmediata (Rapid Evaluation Team) para que su propuesta sea admitida. Primera, dar respuesta a problemas que preocupan a millones de personas. Segunda, innovación. Tercera, el uso de tecnología actual o posible a corto plazo.

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El biólogo celular Andrew Conrad las dio por buenas cuando planteó su último propósito, crear piel humana sintética para detectar el cáncer. Cada año, 14 millones de personas se enteran de que sufren un cáncer y ocho millones mueren a causa de la enfermedad. ¿No es un número suficiente? El segundo requisito lo da su originalidad. Hasta ahora, nadie se había planteado la elaboración de este material con un fin similar. Y para el último, referente a la tecnología, también tiene su particular propuesta.

El investigador de Google está recogiendo muestras de sangre y orina para lograr el primer humano completamente sano

Con estas respuestas, Conrad se dirigió a Mountain View, California, donde Google ha levantado su filial científica, Google X; un lugar discreto que ni siquiera se identifica con el logotipo corporativo y en cuyo futurista interior sus 250 empleados trabajan con neurótica agitación.

Lista para trasplantar. Cultivo de piel artificial para un quemado. Las células supervivientes del tejido original, obtenidas por biopsia, se introducen en un gel de plasma humano que imita la dermis y la epidermis.

¿Filantropía o negocio?
Conrad no es un visionario ni un gurú. Su investigación parte de una lógica aplastante: Una tercera parte de las muertes por cáncer se podría prevenir. Lo que él acaba de presentar al mundo entero es un prototipo de brazos cubiertos con piel sintética que podrían cumplir ese fin de aquí a unos diez años. Con la ayuda de ciertas nanopartículas que ingerirá el paciente y un dispositivo magnético, el diseño permitirá detectar células cancerosas antes de que se hayan siquiera manifestado.
Su empeño abre dos grandes interrogantes: ¿Es fácil crear una piel sintética que disponga de los mismos componentes y funciones que la humana? Y, más delicado aún, ¿se trata de una oportunidad de negocio o un gesto de filantropía por parte de Google?

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A propósito de la primera pregunta, Isabel Sánchez Muñoz, responsable del Banco de Tejidos del Hospital Universitario de Getafe, comenta lo siguiente: “Cuando lees este tipo de noticias, siempre suenan a ciencia ficción, aunque nosotros también trabajemos en ello. La piel está constituida por una gran cantidad de componentes, desde las diferentes estirpes celulares que la forman hasta glándulas, folículos pilosos, vasos sanguíneos, terminaciones nerviosas, etc. Conseguirlo lleva mucho tiempo y estudio. Conrad utiliza la piel como medio para llevar a cabo sus investigaciones de nanopartículas, lo cual es un gran avance, pues este tipo de modelos artificiales permite estudiarlos antes de su aplicación en personas”.

De momento, España es pionera en este terreno. El laboratorio del Hospital de Getafe ha logrado fabricar in vitro un modelo artificial vascularizado a partir de las propias células del paciente. “Es la primera vez que se consigue”, dice la investigadora. “El siguiente paso que ya tenemos en marcha es probar cómo funciona en un modelo de trasplante animal, ver si prende bien el injerto”.

Víctimas de los recortes
Si los resultados son satisfactorios, estaríamos ante otra novedosa herramienta terapéutica. Pero llegar hasta aquí ha supuesto un esfuerzo abrumador. El anhelo de Sánchez sería darle un gran impulso. “Lamentablemente, como el resto de la comunidad científica española, sufrimos una gran cantidad de recortes que nos impiden avanzar más rápidamente en nuestras investigaciones”, reconoce.
Una vez resuelta la primera incógnita, queda la siguiente. ¿Qué interés tiene ahora Google en la lucha contra el cáncer? Desde su sede en España nos hablan de un deseo por parte de los científicos que integran el sector de la salud de Google X de contribuir a la curación del ser humano. Tampoco Astro Teller, mandamás del laboratorio (y nieto del físico Edward Teller, padre de la bomba de hidrógeno), conocido como “capitán de misiones a la Luna”, quiere reducir el asunto a números, y anima a inventores e ingenieros a presentar sus ideas más arriesgadas para conseguir cambios “enormes y transformadores”.

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Humanos completamente sanos
Pero la piel sintética también ha provocado cierta perplejidad. Paul Workman, director ejecutivo del Instituto de Investigación del Cáncer en Londres, expresó sus dudas a la BBC: “En principio es genial, aunque un diagnóstico temprano también podría generar altos niveles de ansiedad y tratamientos innecesarios”. Tampoco pasó por alto que las patentes de este tipo de proyecto podrían ser muy lucrativas. De hecho, Google busca socios para obtener las licencias y poner los productos en el mercado. Por su parte, Conrad responde que no entiende más guarismos que investigar e innovar.

Andrew Conrad diseñó estos brazos artificiales envueltos en tejido sintético, para explicar cómo la luz atraviesa la piel para detectar el cáncer. El paciente tiene que tomar una cápsula con un núcleo magnético y nanopartículas que van al torrente sanguíneo. Si descubren células malignas, son reenviadas (gracias al mecanismo de imanes) a una pulsera con unos sensores que transforman la información en señales luminosas, lo que alerta de la presencia de un tumor.

Su proyecto para crear piel sintética humana se encuentra en fase inicial, pero sería una revolución en la medicina oncológica, sobre todo en diagnóstico, dada la importancia de la detección temprana y teniendo en cuenta que algunos tumores, como el de páncreas y el de pulmón, tienen hoy difícil diagnóstico temprano. Cuando se detectan, ya se han vuelto letales.

Y aunque aún es muy pronto, no hay que descartar que pudiese tener otros usos. Dicen que la idea más ambiciosa de Andrew Conrad es lograr un ser humano completamente sano. Por eso, ha empezado a recabar sangre, orina y lágrimas de un grupo amplio de personas, aunque pretende que se sumen miles de voluntarios para obtener un botín lleno de datos genéticos y moleculares. Y ha reclutado, además, a un centenar de científicos y médicos de todas las especialidades. El propósito es identificar ciertos biomarcadores a partir de los cuales se podría determinar qué riesgo de enfermedades determinadas tiene cada persona y prevenirlas antes de que aparezcan. Una fábrica de sueños imaginados.

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