La re(evolución) de las aves

Un megaestudio genético traza el mapa filogenético de las aves modernas

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Sobre la mesa del Museo Nacional de Historia Nacional de Washington, algunas de las especies analizadas en este estudio sin precedentes. Crédito: AAA/Carla Schaffer.

Pingüinos, cuervos, patos, halcones, periquitos, grúas, ibis, pájaros carpinteros… Más de 200 científicos de más de 20 países han tardado cuatro años en estudiar el genoma de 48 especies de aves para vislumbrar cuál ha sido el proceso evolutivo que siguieron las aves prehistóricas que sobrevivieron a la extinción de los dinosaurios hasta llegar a las actuales.

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Los resultados de todas estas investigaciones se publican hoy simultáneamente en ocho artículos en la revista Science y otros 15 más en otras revistas científicas como Genome Biology y GigaScience.

Hasta ahora, los estudios filogenéticos de aves de los que disponíamos se centraban en grupos de genes concretos. El que hoy se presenta es tan amplio que ha permitido reconstruir al detalle el árbol filogenético de las aves, por lo que han podido resolver varios enigmas como qué relación de parentesco hay entre ellas y en qué momento evolutivo se separaron. La información hallada indica que su particular Big Bang se produjo hace no más de 10 millones de años después de la gran extinción que se llevó por delante a los dinosaurios y gran parte de las especies animales de la época. Y no durante el Cretácico, como se pensaba hasta ahora.

De paso, algunos de los artículos que forman parte de este estudio han desvelado detalles como que el aprendizaje vocal, es decir, la capacidad para emitir sonidos o imitarlos, evolucionó de forma independiente en al menos dos ocasiones. Y también se han hallado grandes parecidos entre los circuitos cerebrales del aprendizaje musical y vocal de las aves y los nuestros.

Otro dato curioso es que se ha descubierto que hace unos 100 millones de años, alguno de sus antepasados sufrió una mutación en los genes que codifican el desarrollo de dientes y esta es la razón por la que las aves actuales no los tienen, mientras que los que convivían con los dinosaurios sí.

Por último, además de los pájaros, esta investigación también ha analizado los genomas de los reptiles más cercanos a las aves: los cocodrilos. La idea era encontrar las conexiones entre estas especies, que son el resultado de la diversificación de los prehistóricos arcosaurios.

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