500.000 años, Homo heidelbergensis

La vanidad humana no es un invento de nuestra cultura actual.

El Homo heidelbergensis ya era capaz de fabricar unas hachas tan grandes que eran imposibles de manejar con soltura, y cuya única utilidad posible parece ser la de exhibirlas ante los demás como si se tratara de meros símbolos de poder. Pero lo cierto es que estos antepasados tenían motivos para la presunción. Su cerebro, con un volumen de 1.100 cm3, ya se podía considerar similar al nuestro.

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Ese desarrollo les permitió fabricar herramientas muy sofisticadas. De hecho, se han descubierto tres venablos muy parecidos a las modernas jabalinas, en los que se comprueba que pusieron un exquisito cuidado en su construcción. Fueron hechos a partir de troncos de abeto, se les dio forma con minuciosidad y esmero, y en los tres se tuvo la precaución de dejar la parte más dura de la madera para realizar la punta del venablo. Pero los rasgos más trascendentales de esta especie son que ya poseían un lenguaje elaborado, que eran capaces de hacer música golpeando las estalactitas de las cuevas y que casi con total seguridad tenían ideas religiosas y creían en la vida después de la muerte.

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de Atapuerca

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