Buscando mentes innovadoras: Elena Gordo

Nos muestra cómo serán los materiales del futuro

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Estudió Ingeniería de Minas, aunque su vocación era la pintura, que sigue siendo su principal pasión. Es profesora de la Universidad Carlos III de Madrid, donde desarrolla su investigación en la llamada pulvimetalurgia, o tecnología de polvos, para la fabricación de nuevos materiales.

Cuando era pequeña, el sueño de Elena Gordo era ser pintora. Muchos años después podemos ver que lo ha conseguido. Y, por el camino, se ha convertido en ingeniera de minas, profesora de la Universidad Carlos III de Madrid y una de las principales investigadoras españolas en nuevos materiales. ¿Cómo puede ser que una joven que quería ser pintora acabara estudiando una carrera tan prosaica como Ingeniería de Minas? El caso es que a Elena le gustaba tanto la pintura como las matemáticas, y ambas se le daban bien. La praxis pudo a la bohemia... ¿o no fue así? “No tengo eso tan claro. Porque para dedicarte a la investigación tienes que ser un poco bohemia. Hasta que te haces un hueco y consigues una cierta estabilidad tienen que pasar muchos años, e incluso puede que no lo consigas. Hay muchos investigadores con un currículum y un bagaje detrás impresionante que no han conseguido esa estabilidad. Eso es bastante habitual, al menos en España. O sea, que esto también es un poco artístico.”

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La principal línea de investigación de esta ingeniera es la pulvimetalurgia, una técnica de producción de materiales a partir de polvos metálicos o cerámicos. Gracias a los avances de esta tecnología se pueden producir piezas más baratas e igualmente resistentes, lo que representa una notable ventaja para las industrias, especialmente las automovilísticas y de maquinaria. En el caso de Elena Gordo, desarrolla dos líneas de investigación diferenciadas. Por un lado, los llamados cermet, aleaciones formadas por metal y cerámica que pueden tener muchas aplicaciones, desde herramientas de corte hasta piezas para joyería o relojería, que suelen estar compuestas por cobalto y níquel: “Nosotros trabajamos para sustituir estos dos materiales, que pueden provocar alergias, por aleaciones de hierro. Buscamos conseguir un material que mantenga una apariencia brillante y metálica, que no produzca alergia y que sea, a la vez, más ligero y más resistente”.

Y cuando se habla de materiales que son resistentes pero a la vez muy ligeros, parece inevitable hablar de titanio. Pocos son los investigadores que se dedican en España a estudiar este metal, que por sus excelentes propiedades ha sido reiteradas veces considerado el material del futuro. El grupo de la Universidad Carlos III de Madrid en el que trabaja Elena Gordo es uno de los pioneros: “El titanio, hasta ahora, no se ha fabricado con métodos de pulvimetalurgia, al menos con métodos efectivos. Este metal no se utiliza, por ejemplo, en los coches, porque es muy caro de fabricar. Los fabricantes buscan automóviles muy ligeros y resistentes, para lo que el titanio es un material ideal, pero su coste todavía es demasiado elevado como para hacerlo”.

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Muy cerca del emblemático auditorio de la Universidad Carlos III trabaja Elena Gordo gestando el futuro de los nuevos materiales.

La carrera por obtener coches más ligeros sin renunciar a su seguridad y resistencia tiene un ejemplo en la llamada “estrategia del gramo” que inició Mazda hace ocho años: cada nuevo modelo pesa como mínimo 100 kilos menos que su predecesor. La siguiente frontera, en todo caso, pasa también por la investigación. Y realmente, el titanio es un material que podríamos calificar como mágico: un coche de titanio sería tan resistente como uno de acero, pero pesaría hasta un 40% menos. “La pulvimetalurgia representa un importante ahorro de costes. Aunque la producción del titanio es compleja y cara, si hacemos más sencillo el proceso, conseguiremos alcanzar el gran reto: la introducción masiva del titanio en la industria de la automoción. Y podría hacerse si consiguiéramos producirlo mediante tecnología de polvos, aunque sabemos que queda mucho trabajo por delante”.

Elena quería ser pintora y parecía apasionada por la energía, pero se dejó seducir por los materiales: “Soy flexible. No es que me deje llevar, sino que aprovecho las oportunidades. Me di cuenta en el proyecto de fin de carrera de que me gustaba mucho la investigación. A partir de ahí, no he podido dejarlo. Las vocaciones también se pueden formar”.

¿Y si gana?

En el caso de obtener los 3.000 euros del premio de Mazda, Gordo los destinaría a uno de sus proyectos más recientes e innovadores: la investigación en nuevas aleaciones de titanio para el campo biomédico, que permitan obtener prótesis de mayor calidad, para lo cual ha iniciado la colaboración con un gran hospital.

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