Entrevista a Bjørn Lomborg

A mi interlocutor le conoció medio mundo en 2001, cuando se atrevió a contradecir las tesis conservacionistas más aceptadas con su libro El ecologista escéptico.

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¿Nuevo héroe? El diario The Guardian le ha elegido entre los 50 héroes mundiales de la defensa de la naturaleza.

Pregunta: Tu vida ha cambiado mucho desde entonces. ¿Lo han hecho algo tus opiniones sobre temas como el cambio climático?
Respuesta: No mucho. Obviamente, hoy tenemos más material, la ciencia ha descubierto muchos más datos al respecto. Pero también en este tiempo el debate sobre el cambio climático se ha radicalizado en extremo. Hasta el punto de que todo el mundo se asusta por él y ha olvidado otras preocupaciones. Por desgracia parece que nadie se acuerda de la contaminación atmosférica, la polución del agua, la biodiversidad, los compuestos químicos que producen enfermedades… Creo que obsesionarse con el calentamiento no es precisamente la mejor manera de ayudar a la naturaleza.
Pregunta: Ahora resulta que el “ecologista escéptico” es un gran defensor de la naturaleza. El periódico The Guardian acaba de elegirte entre los 50 héroes del medio ambiente…
Respuesta: Bueno, mencionan a 49 personas que se ocupan del medio ambiente a la manera tradicional, alertándonos de que todo se hunde y que vamos hacia el desastre; y luego dicen que hay uno (que soy yo) que prefiere mantener la cabeza fría. En esencia, piensan: “Es bueno tener algún escéptico en la lista”. Creo que ese se ha convertido en mi papel. De hecho, más de la mitad de los comentarios de lectores a la noticia de The Guardian en internet van dirigidos contra mí, por gente realmente escandalizada de que yo estuviera en esa lista.
Pregunta: Te sientes, entonces, algo exótico…
Respuesta: No, realmente. Mucha gente ha terminado por venir a mi lado y decirme: “Si vamos a embarcarnos en una política tan ambiciosa sobre el cambio climático, es bueno que haya gente que, al menos, critique un poco esa política. Que vigile cuánto nos vamos a gastar en luchar contra el calentamiento, cómo nos lo gastamos y si estamos invirtiendo lo suficiente en luchar contra otros males de la tierra como el sida, la malaria…”
Pregunta: Tu postura parece tan razonable que cuesta entender por qué estás tan solo. Algo habrás hecho.
Respuesta: Bueno, estamos abducidos por una tendencia poderosísima: todo el mundo habla del cambio climático, todo el mundo se preocupa por el clima. Este tema se ha convertido en una manera muy “conveniente” de parecer una buena per­sona. Un amigo mío me dice que es imposible defender mis ideas y tener éxito con las chicas. Pero te diré que cuando hablo con políticos y ecologistas en privado, muchos de ellos me reconocen: “Sí, es cierto, estamos exagerando el tema, pero debemos actuar de ese modo por el bien del planeta”.
Pregunta: ¿Y las medidas que luego esos políticos toman en público también te parecen exageradas?
Respuesta: Absolutamente. Por culpa de esas medidas ambientales, los europeos nos vamos a gastar una ingente cantidad de dinero en hacer prácticamente nada. En Dinamarca, por ejemplo, aumentar en un 30% el uso de energías renovables (en Europa será el 20% para 2020 por Ley) va a costar 500 € por persona y año. El efecto de esa inversión, para todo Dinamarca en todo el siglo XXI, será posponer los efectos del calentamiento 5 días al final del siglo… Si calculas los beneficios derivados de la reducción de CO2 en Dinamarca, serán 2,5 € por persona y año. ¿De verdad vamos a gastar 500 euros en ganar 2,5?
Pregunta: Pero la economía es tan fría, tan poco sexy… ¿De verdad crees que nos vas a convencer a todos diciendo que no es importante combatir el cambio climático porque no es rentable? ¿No hay algo más que dinero en la defensa del medio ambiente?
Respuesta: Puede ser. Pero esto no es una cuestión de glamour. No se trata de preguntarnos si nuestras conciencias están más tranquilas y nos sentimos bien con lo que hacemos. Debemos preguntarnos si lo que hacemos está bien hecho. En el final de su documental, Al Gore nos llama a escuchar las voces de nuestros hijos y pensar en el futuro. Yo preguntaría a Al Gore: “Como civilización, ¿cómo le gustaría que la suya fuera recordada?” Y lo asombroso es que la mayoría de la gente parece que le gustaría ser recordada como miembro de una generación que gastó ingentes cantidades de dinero en conseguir un logro casi imperceptible.
Pregunta: Tú sugieres, entonces, que ese dinero se gaste en otras cosas.
Respuesta: Fíjate: la política 20/20 (20% de reducción de CO2, 20% de aumento de renovables) va a costar de aquí a 2020 a la Unión Europea 60.000 millones de euros. Con ello conseguiremos retrasar el calentamiento global unos 2 años al final de 2100. Por casi esa misma cantidad, según estimaciones de la propia UE, estaríamos en una posición muy realista de poder solventar hoy mismo problemas tan graves como la salubridad de las aguas que se beben en el Tercer Mundo y el acceso a sanidad básica de todos los ciudadanos del planeta. Le pregunto a los europeos: ¿realmente qué quieren que elijan sus gobernantes: gastar mucho dinero en lograr que algunas personas se sientan solo un poco mejor dentro de 100 años o gastar ese mismo dinero en que millones de personas ganen nivel de vida hoy? Vista así, la economía es más sexy.

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