Estamos concebidos para perdonar

Es una de las características que nos facilitan la vida en sociedad

Pero perdonar cualquier acto también indica la razón por la cual nos aferramos a malas relaciones
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Al evaluar el carácter de los demás, somos capaces de reconocer a aquellos que no se han comportado adecuadamente, pero la verdad es que nos aferramos a las buenas impresiones. Esa es la conclusión de un estudio publicado en Nature Human Behavior.

Esta flexibilidad para juzgar a los transgresores podría ayudar a explicar cómo perdonamos y por qué a veces nos anclamos en malas relaciones, según los autores.

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“El cerebro forma impresiones sociales de una manera que puede permitir el perdón – explica Molly Crockett, líder del estudio, en un comunicado –. Debido a que las personas a veces se portan mal por accidente, tenemos que ser capaces de actualizar las malas impresiones sobre aquellos que se equivocan. De lo contrario, podríamos terminar las relaciones prematuramente y perdernos los muchos beneficios de la conexión social”.

En una serie de experimentos, más de 1.500 voluntarios observaron las opciones de dos desconocidos que se enfrentaban un dilema moral: provocar descargas eléctricas dolorosas a otra persona a cambio de dinero. Mientras que el “buen” extraño se rehusaba, el “malo” tendía a maximizar sus ganancias a pesar de las dolorosas consecuencias. A los sujetos se les preguntó sus impresiones sobre el carácter moral de los extraños y qué tan seguros estaban de esas impresiones.

Los sujetos rápidamente formaron impresiones estables y positivas del buen samaritano y estaban muy seguros de sus impresiones. Sin embargo, estaban mucho menos seguros de que el “malo” era realmente malo y podían cambiar de opinión rápidamente. Por ejemplo, cuando este ocasionalmente hizo una elección generosa, las impresiones de los sujetos mejoraron inmediatamente, hasta que presenciaron la siguiente transgresión.

“Este patrón de actualización de impresiones puede proporcionar una idea de por qué las personas a veces se aferran a las malas relaciones – señala Crockett –. Creemos que nuestros hallazgos revelan una predisposición básica para dar a los demás, incluso a los extraños, el beneficio de la duda. La mente humana está construida para mantener las relaciones sociales, incluso cuando nuestros socios a veces se comportan mal”.

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