Internet, loca por la ciencia

Darwin estrella de un video, astronautas en Twitter...

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El astronauta japonés Sochi Noguchi ha twitteado a diario

LEE TAMBIEN20 BLOGS DE CIENCIA que no puedes perderte, y DIEZ CUENTAS DE TWITTER que hay que seguir.

Un chiste sobre la anatomía del ornitorrinco, un estudio sobre las extinciones masivas, el vídeo de una hormiga bebiendo una gota de agua… Puede que no sean el típico tema de conversación en el bar, pero en internet causan auténtico furor. Entre los asuntos más leídos de la red se cuelan cada día decenas de historias relacionadas con la ciencia, compartidas y comentadas por millones de usuarios. Los principales científicos y divulgadores ganan miles de seguidores en Twitter, y la mitad del planeta anda pendiente de cada mensaje que la NASA o el CERN envían a través de las redes sociales. ¿Alguien es capaz de sostener aún que la ciencia no interesa?

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Los sondeos más recientes nos dicen dos cosas: que los ciudadanos se interesan cada día más por los temas científicos y que la información que no encuentran a través de unos canales empiezan a buscarla por otros. La última Encuesta de Percepción Social de la Ciencia, realizada por la Fundación Española de la Ciencia y la Tecnología (FECYT), indica que los españoles se informan sobre divulgación más a menudo por internet que por la radio, y en la misma medida que por la prensa diaria de pago.
Pero no solo están cambiando los canales de distribución, también lo está haciendo la forma de comunicar.

Darwin, como en la MTV

La red permite convertir la ciencia en algo asequible, divertido y fácilmente intercambiable. Valgan los ejemplos de vídeos musicales protagonizados por Charles Darwin, y el de investigadores del colisionador de partículas (LHC) cantándote un rap, o una explicación de la conjetura de Poincaré a través de los videojuegos. La curiosidad por el saber está alcanzando a gente que normalmente pasaría de largo si solo les llegara la versión sesuda.

Dibujantes como Abtruse Gooose, Oatmeal y xkcd (sic) no solo consiguen hacer chistes sobre ingeniería y matemáticas, y que la gente los entienda, sino que convierten una viñeta sobre los pozos gravitacionales del sistema solar en una de las páginas más vistas del día. ¿Más? Los chicos del proyecto Symphony of Science tomaron hace poco las grabaciones de Cosmos y otros programas de divulgación, y las convirtieron en canciones con letras sacadas de las palabras de Carl Sagan, Stephen Hawking y Richard Feynman. Fue un éxito de millones de visitas.

En el mundo anglosajón, la labor de grandes divulgadores en la red es más que notable. Científicos como Richard Wiseman, Neil deGrasse Tyson y Phil Plait son ya ídolos gracias a la televisión, pero también a su actividad en la red. El biólogo Richard Dawkins se ha hecho tan popular que hasta tiene su propio capítulo en South Park, y a Stephen Hawking alguien le ha dedicado su propia figura hecha con piezas de Lego.

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Una e-españa inquieta

En nuestro país, la blogosfera está llena de buenos ejemplos de científicos que divulgan la ciencia de manera amena y sencilla. Sergio L. Palacios, de Física de la Ciencia Ficción, explica física avanzada analizando los superpoderes de Superman o de Spider-Man. Bajo el lema “yo no tuve infancia, tuve prehistoria”, El Paleofreak repara los desaguisados que la prensa suele cometer cuando habla de “eslabones perdidos”, y desde MedTempus, Esther Samper combate a brazo partido contra la superchería y los remedios mágicos que parecen surgir como las setas.

En buena parte, el éxito de estos divulgadores es que consiguen comunicarse directamente con los usuarios. “Internet ha tenido un impacto gigantesco en la forma de comunicar la ciencia al público en general”, cuenta el biólogo PZ Myers, autor de Pharyngula, uno de los blogs más influyentes y visitados de la red. “Los periódicos y las revistas están desmantelando sus secciones de ciencia”, explica, “y los blogs están llenando el hueco”. “La clave”, a su juicio, “está en que los hallazgos se distribuyen rápidamente por científicos cualificados que realmente entienden el significado de su trabajo y lo trasladan al público en términos que puede comprender”.

¡A por la superstición!

Pepe Cervera, autor de Retiario, uno de los blogs científicos más veteranos, ve así el cambio: “Hay muchos temas de actualidad que hoy se tratan y antes no. Hay una lucha contra la superstición y la pseudociencia que la prensa profesional jamás ha combatido, y, sobre todo, hay una plétora de divulgación científica que antes no existía”.

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Para Javier Pedreira, alias Wicho, de Microsiervos: “La red ha eliminado los filtros”, lo que ha permitido que los usuarios “descubran que hay gente que cuenta cosas interesantes y de forma asequible sobre ciencia, sin pasar por los gabinetes de prensa ni las agencias de noticias”.

El mejor ejemplo de cómo las grandes instituciones científicas se han sumado a esta ola es la NASA. Tiene una cuenta en Twitter de cada sonda espacial y cada astronauta. Así, el cosmonauta Soichi Noguchi ha colgado espectaculares fotografías de la Tierra desde la Estación Espacial Internacional, algo que ha avivado en miles de personas el amor por lo espacial. La información circula por la red a velocidad de vértigo, hasta el punto de que si un día se encuentra el famoso bosón de Higgs, la noticia llegará casi al instante a medio planeta a través de la cuenta de Twitter del CERN (@cern), mucho antes que por cualquier otro medio.

Pero, además, reina el espíritu colaborador, que facilita alcanzar metas que de otro modo serían casi imposibles. El proyecto BOINC, coordinado desde la universidad de Berkeley y nacido a raíz del famoso SETI@home (Search for ExtraTerrestrial Intelligence), consigue procesar millones de datos científicos y realizar complejos cálculos gracias a la potencia coordinada de unos 600.000 ordenadores domésticos de todo el mundo, cuyos usuarios han decidido echar una mano a la investigación.

No solo leer, sino participar

Y la red está plagada de proyectos cooperativos parecidos: grupos de ornitólogos que se avisan de los avistamientos de pájaros, comunidades de sismólogos que recogen toda la información sobre los movimientos de la corteza terrestre, un proyecto para clasificar por su forma los miles de galaxias que detectan nuestros telescopios (Galaxy Zoo) y hasta un juego colectivo para predecir la estructura tridimensional y plegamiento de las proteínas (Foldit). Esfuerzos que se suman a otros programas para compartir toda la información científica en la red, como el de la Public Library of Science (PLoS), que pretende crear una biblioteca que permita el acceso universal a las investigaciones científicas bajo licencia Creative Commons.

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