El coche que viene

¿No tienes ni idea de cómo será tu coche dentro de 15 años? Nosotros sí

Hemos hablado con diez de los CEO más importantes del mundo del motor y esto es lo que van a hacer con el automóvil que conducirás dentro de 15 años. Prepárate porque probablemente sea diferente a como crees...

Marta García - 26/02/2018

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¿Se consolidarán las plataformas de coche compartido? ¿Habrán desaparecido definitivamente los diésel dentro de dos décadas? ¿Los vehículos autónomos serán una realidad a corto plazo?
Las preguntas son casi tantas como propuestas aparecen en el mercado del automóvil. Tras casi todas ellas, el mismo problema, idéntica presión medioambiental, parecida inquietud por alcanzar soluciones que satisfagan a consumidores, fabricantes y administraciones públicas.

“Vislumbraremos avances tecnológicos que modificarán el horizonte que tenemos. Hay muchos escenarios posibles –señala Mikel Palomera, director general de Seat–. La conducción autónoma y la electrificación serán protagonistas y conllevarán muchos cambios en nuestro concepto de movilidad”. De hecho, el 15 por ciento de los vehículos que se vendan en 2030-2035 estarán dotados de conducción autónoma, según Bloomberg. Es esta la tecnología que transformará radicalmente el concepto de movilidad como nunca se ha visto en la historia del automóvil.

Aumentará el PIB

“El conductor no percibirá los trayectos, los atascos, como una pérdida de tiempo porque podrá realizar a bordo gestiones relacionadas con su trabajo y su ocio –dice Jesús Alonso, presidente y CEO de Ford España–. Se estima que si los cuatro años de vida que un conductor medio pasa en atascos se convirtieran en tiempo trabajo o de ocio, el producto interior bruto a nivel europeo se incrementaría en 17.000 billones de euros en el año 2050. El aumento de la productividad más la generación de valor en la industria del entretenimiento y de los contenidos que se generarán para disfrute de los pasajeros están detrás de tan astronómica cifra”.

Mortalidad cero

Pero el coche autónomo realizará más funciones. “En lugar de estar aparcado en un garaje, recogerá a los niños al colegio”, continúa Alonso. “O irá al concesionario por su cuenta a hacerse un chequeo tras haber dejado a su propietario en el trabajo”, añade Ivan Segal, director general de Renault España. O, aún mejor, “pemitirá que los técnicos le hagan la revisión a distancia sin necesidad de ir al taller”, apunta Polo Satrústegui, director general de Hyundai España. “Los ciegos tendrán movilidad individual, también los niños y los mayores que hayan perdido su carné.

El coche autónomo favorecerá la libertad del ser humano –opina Francisco Pérez Botello, presidente de Volkswagen-Audi España–. Bastará llamarle mediante una app para que vaya a buscarte y, una vez estés en tu destino, se volverá a aparcar a las afueras de la ciudad.

Y lo mejor es que se acercará a la mortalidad cero, porque la seguridad es y seguirá siendo la batalla a librar. Comunicación y conectividad serán los aliados para alcanzar el objetivo: los coches hablarán entre sí y se comunicarán telemáticamente cualquier incidencia, así como la presencia de otros vehículos. Las ciudades y el concepto de movilidad en sí se transformarán de tal manera que hoy es difícil de imaginar.

Los operadores de flotas de coches compartidos se apoyarán en el big data para conocer los flujos de movimiento de sus usuarios por barrios, calles, etc., según apunta Segal. Procesando toda esta información, serán capaces de atender las necesidades de los conductores de una forma más eficaz. “Intentaremos tener coches cerca de los clientes que utilicen el servicio del car sharing de forma regular, es decir, de aquellos que todos los días a la misma hora soliciten uno de nuestros coches –dice Ivan Segal–. Y haremos que los vehículos, de forma autónoma, se sitúen cerca de un estadio cuando haya un gran partido”.

Los últimos avances en computación permitirán analizar ingentes cantidades de datos y evitar que los futuros robot-taxis, por ejemplo, estén detenidos durante horas en una parada sin saber a dónde ir. Estarán justo allí donde se necesiten.“Los semáforos o el mismo alumbrado público cambiarán en función de la intensidad de tráfico; los vehículos conocerán las plazas de aparcamiento libres antes incluso de iniciar su recorrido y, según algunos visionarios, no harán falta las infraestructuras tradicionales porque los centros de control de tráfico analizarán todas las variables para indicar a los coches en circulación cómo actuar en cada momento”, explica Roland Schell, presidente de Mercedes-Benz España.

Intersecciones libres

“¿Qué sentido tiene que estemos esperando en un semáforo si no se aproxima ningún coche a la intersección?”, se pregunta Jesús Alonso, de Ford. El papel de las señales se modificará y, cuando haya que detenerse, habrá pavimentos especiales capaces de realizar recargas por inducción. La factura de la energía consumida llegará posteriormente al domicilio de cada usuario… o podrá ser consultada a bordo de los múltiples displays que habrá en el interior de los coches.

Cine a bordo

“Lo que ahora son ventanillas, mañana serán pantallas. Las técnicas de realidad virtual permitirán proyectar las imágenes en cualquier sitio: en los cristales, en las puertas… ya no va a ser necesario tener un display específico con retroalimentación para ver la información del coche, un vídeo o cualquier aplicación de entretenimiento –señala Germán López Madrid, senior advisor de Volvo Car Corporation. Y hay quien, como Renault, está dando los pasos empresariales para aprovechar todo eso y ofrecer contenidos multimedia a bordo, como si de un Netflix cualquiera se tratara.

Toda esta transformación está siendo supervisada minuciosamente por la Unión Europa, que ha hecho de la sostenibilidad su bandera. En el punto de mira de Bruselas están las emisiones y las medidas que hay que aplicar para que la contaminación atribuida a los automóviles se reduzca más.

Exhaustos aún por el esfuerzo tecnológico y financiero al que les han obligado las últimas exigencias comunitarias, los fabricantes, sin embargo, admiten en privado que aún hay margen de mejora en la eficiencia de los motores de combustión. “Pero llegará un momento en que para conseguir esta reducción de emisiones que la sociedad y los Gobiernos piden, haya que hacer una inversión tan alta que el precio final del automóvil se vea muy penalizado. Es en ese momento cuando el coche eléctrico empezará a ser competitivo”. Será asequible, tendrá cero emisiones y no hará ruido, según la mayoría de los responsables del sector.

Atención a los eléctricos

“Pueden ser un solución puntual para el centro de las ciudades, pero no para los viajes de largo recorrido –matiza José María Terol, presidente y consejero delegado de Mazda España–. Quedan todavía muchos problemas por resolver como infraestructuras, autonomía, carga, precio… No creo que jueguen un papel dominante de aquí a quince años”, puntualiza.

Sin embargo, ya hay fabricantes que muestran prototipos que alcanzarán los 600 kilómetros de autonomía y otros, como Polo Satrústegui, director general de Hyundai España, que sostienen que en 2030 se llegará a rangos de autonomía de 700-800 kilómetros. “Se estima que para entonces el 30 por ciento, aproximadamente, de la fabricación será cien por cien eléctrica”, añade Roland Schell, presidente de Mercedes-Benz España.

Pero apostar por los eléctricos o por cualquier otra tecnología en exclusiva no parece estar en la mente de los fabricantes. Diferentes sistemas de propulsión convivirán y buscarán su hueco hasta que el hidrógeno, la panacea, la piedra filosofal que permitirá emitir únicamente vapor de agua, sea una realidad. Para ello habrá que esperar aún decenas de años.

Mientras tanto, el parque estará repartido entre varias opciones, con un cierto protagonismo a medio plazo de los modelos híbridos. Saber los porcentajes de cada una de las opciones de propulsión que se ofrezcan dentro de 15 o 20 años requerirá un ejercicio de imaginación difícil de realizar en este momento. “Antes, podías proyectar y realizar un plan de negocio a cinco años –dice Francisco Pérez Botello, presidente de Volkswagen-Audi España–. Hoy, puedes hacerlo para tranquilizar tu conciencia, pero es una auténtica pérdida de tiempo porque hay muchas incertidumbres. ¿Quién podía imaginarse hace cuatro años que iba a haber un presidente como Donald Trump? ¿O prever las tensiones territoriales que hay en Cataluña? ¿O que las fuerzas centrípetas que se están produciendo en Europa iban a abogar por la ruptura del proyecto comunitario? El mundo cambia a una velocidad tan grande que el objetivo es que nuestras organizaciones sean capaces de adaptarse con rapidez a esos cambios. Podemos imaginar que el coche del futuro será eléctrico y compartido en las grandes ciudades y que convivirá con motores térmicos. ¿En qué medida? Lo desconozco. Lo que sí sé es que debemos tener un pie en todas las plataformas si queremos desempeñar un papel relevante en el mundo de mañana”.

Sí, habrá diésel en 2030

En ese futuro, es fácil aventurar que el reparto de mercancías en el centro de las ciudades se hará con vehículos eléctricos como consecuencia de las restricciones del tráfico. ¿Y el resto? “El cliente podrá elegir en función sus hábitos de vida y de donde resida. Si es en el centro de una capital, es probable que prefiera un coche autónomo u opciones de car sharing para gestionar de forma más fácil sus recorridos urbanos, y si vive en un pequeño pueblo y tiene que desplazarse cincuenta kilómetros para ir a su trabajo, se moverá con vehículos dotados de modernos motores de combustión” asegura Christophe Mandon, director general de las marcas francesas Peugeot, Citroën y DS para España y Portugal.

Larga vida, pues a las mecánicas térmicas. Al menos, sobrevivirán cuarenta o cincuenta años, en palabras de Luis Antonio Ruiz, presidente y CEO de Jaguar-Land Rover España, quien asegura que “nos queda mucho diésel todavía. Se los ha demonizado en exceso, pero los últimos propulsores emiten bastantes menos gases que los motores de gasolina y muchísimo menos que los de gasóleo de hace diez años. Son los propulsores antiguos los altamente contaminantes, los que hay que retirar del mercado cuanto antes. Pero que nadie se llame a engaño, en 2030 seguirá habiendo motores diésel. Eso sí, serán limpios, modernos y eficientes. Francisco Pérez Botello, de Volkswagen-Audi, abunda en la idea: “No hacen falta coches eléctricos. Basta con renovar
el parque actual para reducir la contaminación”.
El futuro es híbrido
Casi todos los implicados coinciden en señalar que en esa renovación la hibridación tendrá un papel determinante. “Las variantes mild hybrid (combustión más eléctrico autorrecargable), híbrido enchufable y eléctrico puro serán las opciones más comunes en el mercado, según Germán López Madrid, senior advisor de Volvo Car Corporation, a pesar de que José María Terol, de Mazda, advierte de que algunos híbridos consumen del orden de 0,8 litros a los cien kilómetros, más que un diésel
de última generación.
La revolución será total también en materia de diseño, al menos en el interior de los vehículos. “En los próximos años, las nuevas necesidades de movilidad urbana cambiarán de manera sustancial la arquitectura tradicional de los coches tal y como la entendemos ahora
–dice Mikel Palomera, de Seat–. La conducción autónoma evitará la necesidad de un compartimento delantero para ubicar el motor; tampoco será necesario el volante, los asientos podrán cambiar de orientación… Todos estos aspectos van a hacer que el automóvil varíe sustancialmente respecto a lo que conocemos hoy. Configuraremos el coche según los gustos y necesidades del conductor en cada momento”.
¿Cuáles serán esos gustos? Sobrevivirán los superdeportivos para quienes tengan gasolina en sus venas, pero la mayoría sostienen que las carrocerías SUV seguirán reinando en el mercado, aun a riesgo de que su menor eficiencia aerodinámica las penalice en el futuro. Algunos las diseñarán manteniendo el minimalismo (Mazda), otros seguirán con su estilo sofisticado (Hyundai).
En lo que todos coinciden es en que el puesto de conducción seguirá siendo elevado.
¿Se equivocarán los gurús del motor en sus previsiones? Probablemente, no. Para llegar a donde están han necesitado algo más que imaginación. n

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