Medalla de titanio

A los robots les encanta el deporte (y lo hacen mejor que nosotros)

Las máquinas ya compiten superando todos los récords humanos. Pronto correrán más, saltarán más… Este es el comienzo de una nueva era en 
la que el deporte olímpico será terreno de robots.

Juan Scaliter - 27/11/2017

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Es la carrera final. El ganador se lo lleva todo, en total un millón de dólares. Los vehículos están preparados, los pilotos esperan a metros de la línea de salida con sus cascos en ristre mientras un sonido de motores invade el cielo de Dubai. Cada una de las cuatro naves (por llamarlas de algún modo) ha sido específicamente diseñada para tener mejor maniobrabilidad, velocidad punta en las curvas y ser capaz de responder en un parpadeo a las órdenes que recibe, mientras se desplaza a más de 270 kilómetros por hora. Una decena de vueltas después, el ganador es Luke Bannister, un “niño” de 15 años que ha ganado la primera copa del mundo de carreras de drones. Este evento, celebrado el año pasado en los Emiratos Árabes Unidos fue el pistoletazo de salida para empezar a organizar los primeros World Game of Future Sports (los Juegos Mundiales de Deportes del Futuro), unos JJ. OO. en los que la tecnología es la reina indiscutible.

Las previsiones indican que se llevará a cabo entre el 28 y e 30 de diciembre, también en Dubai. Al menos eso es lo que señalan en la página web oficial, pero alrededor del evento gira un secretismo más digno de una patente revolucionaria que de
un evento deportivo.

Volar prototipos únicos

¿Qué tienen los drones para provocar esto? Básicamente números. En apenas tres meses la Administración Federal de Vuelos (FAA por sus siglas en inglés) ha expedido unas 23.000 licencias para pilotos, alrededor de 300 al día. Solo en Estados Unidos. A nivel mundial, las cifras ascienden a cerca de un millón de pilotos oficiales, en un negocio que mueve más de 100.000 millones de euros al año. Y lo más extraño es que alcanza estas cifras sin vender versiones de las naves que han ganado premios, ya que estos son prototipos únicos modificados por sus propietarios. De hecho, la empresa canadiense Yuneec International ha lanzado a la venta el primer casco de visión dron (permite a los pilotos de competición ver las imágenes de la cámara para controlar la conducción) por la friolera de 250 euros. Y se lo quitan de las manos. Pero no solo las carreras de drones ocupan la mente y los sueños de los deportistas tecnológicos del futuro.

En los últimos RoboGames España no logró ninguna medalla  

Lleva tu robot a los JJ. OO.

Los World Game of Future Sports contarán con carreras de coches autónomos, numerosas disciplinas para robots como natación, tenis de mesa, lucha, 100 metros lisos, fútbol y cybathlon (un cruce de cíborg y decatlón, eventos deportivos en los que intervienen personas con implantes y prótesis inteligentes). Las ventajas de unos juegos olímpicos en los que los humanos alentemos la tecnología en lugar de vitorear a otros humanos son numerosas. La primera de ellas es el límite deportivo, la incapacidad de superar ciertas barreras. En breve ya no llegaremos ni más rápido, ni más lejos, ni seremos más fuertes. Nuestra velocidad, fuerza y agilidad tiene una frontera y más allá de ella no podemos actuar. Aún estamos lejos de llegar, pero no mucho y entonces el espectáculo quedará reducido al espíritu… olímpico.

Luego están las inversiones. De acuerdo con el Comité Olímpico Internacional (COI), desde 1952 los juegos de verano e invierno han generado pérdidas cercanas a los 17.000 millones de euros. Organizar juegos tecnológicos es mucho más económico (las infraestructuras no son tan caras) y las empresas del sector no solo pondrán dinero de publicidad, sino que participarán.

¿Quién querría ver máquinas jugando al fútbol en lugar de a Messi? Eso mismo le preguntamos a Gerrita Naus, director de la Universidad Tecnológica de Eindhoven y ganador el año pasado de la liga mundial del fútbol para robots, la RoboCup.

Cuando Messi sea de titanio

Para Gerrita Naus, “que los humanos logremos aceptar a los robots es un gran desafío. Comprender que cada automóvil hoy en día es un robot y los verdaderos beneficios de esto es difícil. Cuando nos demos cuenta de que pueden ser mucho más que humanoides, y que ya estamos rodeados de robótica en nuestra vida diaria actual, empezaremos a aceptar el término ‘robot’ como algo positivo. La RoboCup es apenas una plataforma para mostrar un ambiente desafiante en el que los dispositivos deben tener en cuenta cientos de variantes y responder al instante. Es un campo de ensayos para robots en Marte, a grandes profundidades marinas o en ambientes completamente desconocidos”.

En las últimas ediciones de la RoboCup, Irán llegó a las finales. Un ejemplo de que no todo es dinero y recursos

Como una moto

A todas esas variantes ignotas se enfrentó Motobot. Si ya resulta increíble ver a un vehículo autónomo circular sin un humano al volante, aunque sea a velocidades reducidas, imagina una moto, una Yamaha YZF-R1M sin modificar y a 200 kilómetros por hora, en el circuito californiano de Thunderhill, intentando batir al nueve veces campeón mundial Valentino Rossi. Eso es lo que hizo Motobot, diseñado por Yamaha, que desafió a Rossi. Vale, es cierto que perdió, pero a su favor hay que decir que la moto no estaba “tuneada” en su motor, que Motobot lleva apenas dos años aprendiendo y que esto es solo el comienzo. Motobot utiliza un sistema único de inteligencia artificial combinado con GPS y al menos seis cámaras y otros tantos acelerómetros,
para medir el ángulo perfecto con el que tomar cada curva y elinstante preciso en el que pisar el acelerador… o el freno.

En una serie de una decena de vueltas, estuvo a 30 segundos del récord de Rossi, pero puede que le gane en constancia, ya que no se cae y se adapta en milésimas a cualquier nueva condición de pista o meteorología.

¿Y esto para qué sirve?

Es obvio, entonces, para qué sirve crear campeonatos de droides jugando al fútbol. También es lógico diseñar en natación robótica: muchos de los planetas o satélites que queremos explorar tienen mares sumergidos bajo capas de hielo y qué mejor ambiente para testearlos que una competición.

Los coches autónomos tampoco esconden sus objetivos respecto a estas tecnologías, no por nada Google, Mercedes Benz, Intel, Renault, Audi, Volvo o BMW financian gran parte de este circuito. Que haya carreras de 100 metros lisos permite avanzar en la movilidad de estas máquinas y su desempeño de tareas cada vez más “humanas”.

Pero ¿para qué un robot que juegue al ping pong? ¿En qué nos cambiarán la vida el Robot Combat o lucha de robots? Muy buenas preguntas.

Más allá de tener millones de visitas en YouTube, los robots que juegan al ping pong constituyen un desafío para sus diseñadores. Jeannette Bohg, de la Universidad de Stanford y miembro del equipo que desarrolló uno de los primeros robots en este ‘deporte’, nos lo explica: “Mientras resulta sencillo programar un androide para que lleve a cabo una tarea rutinaria, a nuestros robots (en realidad brazos robóticos) les exigimos que tengan una visión muy rápida, que sepan graduar la fuerza, ubicarse en la posición adecuada al golpe y que tengan cierta percepción del tacto, tanto para lograr efectos como para anticipar los botes de la pelota. Todos estos conocimientos se pueden aplicar a manipulación de elementos peligrosos o microcirugía”.

¿Y qué hay de los robots luchadores ? Esta disciplina es una de las grandes desconocidas. Para empezar, hay diferentes categorías de peso, que van desde los 25 gramos a los 130 kilos. Y también sus “armas”, que van desde sierras hasta taladros, ruedas para avanzar a altas velocidades, martillos neumáticos, elevadores, etc. (no, lo sentimos, no están permitidos los rayos láser o las granadas teledirigidas). Todo este arsenal es relativamente sencillo ubicarlo en un monstruo de más de 100 kilos y dos metros de altura, como Eagle Prime, uno de los campeones de su categoría. El problema es llevarlos de modo efectivo a escalas milimétricas, como cuando el robot pesa menos de 100 gramos. Esto, en operaciones de rescate o en trabajos de ingeniería, resulta vital.

Y finalmente hay un factor determinante en estas competiciones: la mayoría de los códigos que manejan los equipos, una vez terminado el evento, se vuelven abiertos para que todos, tanto empresas como individuos, puedan usarlos.

Humano-máquina

La última serie de eventos vinculados a los Future Sports Games son los del cybathlon. Aquí se puede ver a seres humanos cuyas prótesis les permiten realizar carreras de obstáculos, levantar pesos, guiarse en un laberinto a oscuras o llevar bicicletas al extremo de la velocidad.

Para el neurobiólogo Douglas Smith, especialista en interfaces humano-máquina y en prótesis inteligentes de la Universidad de Pensilvania, este tipo de competencias “someten a las prótesis a las pruebas más exigentes, no solo por el desempeño que deben llevar a cabo, sino porque está en la naturaleza de los humanos competir y por ello las fuerzan a niveles que a nosotros, los científicos, nos costaría mucho. En los cybathlon se prueba la resistencia de los materiales, la movilidad, pero en los últimos tiempos lo que resulta cada vez más determinante es evaluar la conectividad de la prótesis. Tanto con otros dispositivos como con la propia red neuronal del paciente”.

El futuro de esta competición es evolucionar mucho más rápido que sus equivalentes humanos…pero al mismo tiempo hacernos avanzar a nosotros, ya que al estar basadas en la inteligencia, los límites no son tan claros como en el aspecto físico. Estaremos atentos a un porvenir deportivo en el que habrá poco sudor y mucho espectáculo.


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