Sexo en la naturaleza
Los más claros ejemplos de cómo se lo montan los animales. Los caballos, por ejemplo, son capaces de excitarse con solo ver a la yegua. Desde que advierte la presencia de la hembra hasta que llega hasta ella, el caballo puede alcanzar una erección de nada menos que metro y medio, motivada por los estímulos visuales, olfativos y auditivos que ella desprende. Pero tan soberbio cortejo, que puede durar entre uno y 65 minutos, según un estudio realizado en el Centro Sevillano de Reproducción Equina y Remonta, llega a su fin en el primer salto, momento en que el caballo eyacula, en un tiempo récord de 10 segundos. Inmediatamente después de ello, el animal camina arrastrando un menguado pene flácido aún sin recoger y, por tanto, con la mis­ma longitud. Vamos, una lástima verle.
Hembras muy ‘machas’
Agresividad y testosterona forman una buena avanzadilla. Ocurre en el ser humano y también en el reino animal: cuanto mayores son los niveles de testosterona, símbolo de virilidad por excelencia, mayor es la carga agresiva y competitiva de la criatura. Se ha investigado este aspecto en las hienas. El impulso es aún más violento si para colmo el animal luce un andamiaje como el de hiena manchada hembra, un temible depredador que porta un clítoris del tamaño de un falo y capaz de erección. Su acto sexual es muy complejo, y ningún macho osa forzarla.



