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Donald Trump y Kim Jong-un no podrán comer chicle en su reunión. Y otras cosas que están prohibidas en Singapur

Los comportamientos considerados incívicos están castigados con penas que incluyen ser azotado con una vara y varios meses de prisión

Vicente Fernández - 11/05/2018

Donald Trump y Kim Jong-un no podrán comer chicle en su reunión. Y otras cosas que están prohibidas en Singapur

Ya se ha hecho público que Donald Trump y Kim Jong-un celebrarán su histórica reunión el 12 de junio. Y el lugar elegido para el encuentro entre los dos líderes ha sido Singapur. Situada en Asia, esta ciudad estado hace frontera con Malasia e Indonesia. Su régimen político es una república parlamentaria, aunque los especialistas distan de considerarla una demoracia plena, y califican al régimen como autocrático. Aunque se celebran elecciones, el principal partido del país, el Partido de Acción Popular, ha ganado todos los comicios desde su independencia en 1965, y durante décadas consiguió incluso todos los escaños del parlamento. Solo desde 1992, un grupo opositor, el Partido del Pueblo Unido, ha logrado obtener representación parlamentaria.

Singapur está considerado uno de los estados más prósperos y seguros del mundo. Pero también llama la atención por sus estrictas leyes. La pena de muerte sigue vigente, y también se practican ocasionalmente los castigos físicos por delitos menores (que se aplican con una vara). Además, la homoexualidad, está oficialmente prohibida y penada con dos años de cárcel.

Entre las leyes más curiosas del país está la que prohíbe terminantemente introducir chicles en el territorio de Singapur y comerlo en público. El gobierno es especialmente duro con los comportamientos que considera incívicos. Así, por ejemplo, los ascensores cuentan con detectores de orina, y si los sensores notan dicha sustancia, se bloquea el elevador y se activa una alarma, dejando a la persona atrapada en su interior hasta que lleguen la policía o los encargados de seguridad. Igualmente, está prohibido arrojar basura a las calles o abrazarse de forma demasiado efusiva en público. Cualquiera de estos comportamientos conlleva multas y penas considerables. Recordemos, por ejemplo, el caso de dos jóvenes turistas alemanes que fueron codnenados en 2015 a ser azotados con vara y a seis meses de prisión por hacer un grafiti en una pared de la ciudad.



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