Prostitutas famosas

Las mujeres de este reportaje tienen tres cosas en común: sus historias son reales, todas alcanzaron la gloria y empezaron siendo meretrices

Vicente Fernández - 22/01/2014

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A veces, el camino que hay que recorrer para pasar de furcia a princesa es más corto de lo que parece. Existen decenas de sinónimos de la palabra prostituta, y todos tienen un matiz negativo. Pero, aunque la prostitución suele ser sinónimo de marginación, también hay profesionales del sexo que han usado sus habilidades eróticas para convertirse en emperatrices, artistas, heroínas de la patria y hasta en colaboradoras de la ciencia.
Una olla común de amor y sexo
Por no faltar, no faltan siquiera prostitutas que han sido abanderadas de la revolución  marxista proletaria, tal y como demuestra la historia de una concienciada meretriz chilena apodada La Flaca. En 1926, miles de obreros se ganaban la vida al norte del país sudamericano trabajando duramente en las minas de salitre. Y junto a ellos se había asentado también un ejército de más de cuatro mil rameras.
Pero ese año, los trabajadores iniciaron una huelga que se prolongó varios meses, y las prostitutas, viendo que el dinero empezaba a escasear, se plantearon emigrar a otro lugar más próspero. Fue entonces cuando, en una asamblea, la Flaca tomó la palabra y dijo que ella se quedaba. E igual que las mujeres de los obreros hacían ollas solidarias para compartir los alimentos, ella propuso a sus compañeras hacer “una olla común de amor y sexo”.
Sus palabras calaron hondo: las prostitutas se quedaron y ofrecieron sus servicios a cuenta, apuntando meticulosamente todos los “polvos”. Y así, cuando finalmente los obreros lograron un aumento del 4% en sus salarios, La Flaca y sus socias aplicaron el mismo porcentaje a las deudas acumuladas.
En el laboratorio
Probablemente no se haya rendido aún suficiente tributo a los servicios que las meretrices han prestado a la Medicina y la Psicología. No hay que olvidar que los primeros estudios sexológicos serios o sobre salud sexual se realizaron gracias a la colaboración de estas mujeres. Así, el doctor Alexandre Parent-Duchatelet llegó a recabar el testimonio de ¡tres mil! furcias parisinas, que sirvieron de base para un estudio pionero sobre enfermedades venéreas realizado en 1836.
Igualmente, en 1966, los sexólogos norteamericanos William H. Masters y Virginia E. Johnson contaron con la inestimable colaboración de cuarenta de estas profesionales del sexo para un estudio psicológico titulado La respuesta sexual humana.
Y no han sido esas sus únicas contribuciones en este terreno. Desde finales de la Segunda Guerra Mundial, varios hospitales de Estados Unidos recomiendan el sexo con prostitutas como terapia para pacientes afectados por graves mutilaciones.
Batallones de fulanas patrióticas
Seguro que se pueden contar con los dedos de una mano los presidentes, reyes o dirigentes de cualquier tipo que hayan agradecido a las fulanas los servicios prestados a la patria. Y uno de ellos fue Ulysses S. Grant.
En 1882, el presidente estadounidense ordenó organizar un verdadero batallón de prostitutas para que (al igual que las visitadoras de la obra de Mario Vargas Llosa) proporcionaran relax y entretenimiento a los obreros y soldados que trabajaban en la construcción del Union Pacific, el ferrocarril que cruzaba el Oeste americano.
A las chicas se les dispensó una despedida oficial en Chicago, durante la cual Grant llegó a proclamar con solemnidad: “Todos tenemos nuestra manera de cumplir con la patria”.
Herederas directas del escuadrón de Grant fueron las soldaderas mexicanas, furcias que acompañaban al ejército de Pancho Villa. Muchas de ellas pasaron a ser esposas de los soldados y madres de sus hijos, y algunas incluso se convirtieron en combatientes y he­roínas de la revolución.
Una de las más letales fue Dolores Jiménez,  apodada “la Coyotita”. ¿Que cuál fue su hazaña? Se dirigió con sus chicas a la guarnición de la ciudad de Morelos, y allí se entregaron a la tropa.
Así, mientras los soldados disfrutaban de una orgía de sexo y tequila, los hombres de Villa aprovecharon la noche de lujuria y desenfreno para introducirse en el recinto; de ese modo, liquidaron a todos sus enemigos cuando retozaban con las chicas.


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