Biohistoria

La cara de Jesucristo

Reconstruimos 8 personajes históricos

Amelia Die - 24/03/2015

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Jesucristo no pudo ser rubio de ojos azules, Cleopatra nunca fue como Elizabeth Taylor y Copérnico tenía la nariz aguileña. Pero esta realidad es aún más apasionante que la ficción: tenemos delante el verdadero rostro revivido de un personaje de hace siglos.

Esto se consigue con una mezcla de investigación anatómica, biológica, antropológica e histórica. Pero se requiere una base tangible para hacerlo, algo tan concreto como el cráneo del personaje histórico. Porque además de los rasgos propios de su raza o etnia, cada persona tiene una estructura ósea particular: una relación de la distancia entre los dos arcos superciliares y los ojos, la altura de la articulación de la mandíbula y la separación de los pómulos. Mediante estos datos, que capta con precisión un escáner, se fabrica una imagen informática, de la que se deriva una malla de puntos en 3D.

Con las formas y uniones de los huesos, los expertos en Anatomía deducen la distribución de las fibras musculares, la localización de las glándulas y los lugares donde se deposita el tejido adiposo.

ENIGMAS DE NARICES
Ahora empieza lo difícil: ¿cómo averiguar el auténtico aspecto de los tejidos blandos, el tamaño de las orejas, la nariz y el espesor de los labios. Es por aproximación estadística: se mide el tejido blando de muchos cadáveres mediante punciones o con tomografías. Se hallan las cifras medias de cada somatotipo, que viene a ser el rostro “medio” de, por ejemplo, un caucásico o un japonés, y dentro de ellos, de un hombre, una mujer o un niño. En la Universidad de Melbourne (Australia) estudian la medida del tejido en el zygion, la parte más sobresaliente de la mejilla, que tiene un espesor de unos 6 mm, pero cuyas pequeñas variaciones son muy indicativas del resto de la cara.

Entonces llegan los antropólogos físicos para añadir ciertos datos procedentes de pinturas murales o figurillas. Por ejemplo, en qué punto podrían nacer las cejas y cuál podría ser el perfil de la nariz. Luego están los análisis de paleodemografía: se extraen datos de los isótopos de elementos químicos procedentes de restos de comida hallados en los dientes. También un cabello puede dar pistas sobre su estado nutricional (si estaba más o menos gordo) o  de si era un emigrante, un nómada o un habitante estable del lugar. El color de la piel, el peinado, los adornos, etc., son asunto de arqueólogos y antropólogos. El rostro que surge de este puzle no se puede asegurar que sea exacto al original, pero sí es bastante cercano.

Tags: religión.

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