Pillados

La mirada indiscreta

Nos gusta mirar y ser mirados. Pero entonces, ¿por qué luego nos escandalizamos?

Marian Benito - 11/07/2013

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Hay quien dice que el riesgo de ser sorprendido es comparable a una infidelidad o a cualquier otra práctica que conlleve cierto grado de prohibición. La razón es que la descarga de adrenalina genera, de manera momentánea, euforia, ímpetu y alegría de vivir a tutiplén. Y este es el motivo que atrapa a quienes, unos con descaro y otros casi de puntillas, se dejan ver mientras practican sexo. En solitario o en compañía. Unas veces en vivo y en directo, otras en diferido.

El psicólogo Manuel Menassa de Lucía ve en esta práctica sexual, que involucra tanto al que mira como al que se deja ver, una pulsión escópica, es decir, centrada en la mirada y lo imaginario: “Ese deseo de mirar y ser mirado es un dispositivo que aumenta el deseo sexual y el erotismo de una persona. El par mirar-ser mirado desempeña un papel crucial en la vida de los sujetos. En lo sexual también: la mirada implica goce. Lo mirado no es solo objeto, sino también espejo del que mira, se produce un encuentro con el deseo”.

Algunas personas necesitan conductas sexuales donde exista un riesgo implícito de ser descubiertos porque hay un fuerte sentimiento de represión y culpa en el disfrute, pero en general, según Menassa, el componente prohibitivo es suficiente.
El problema es que la sexualidad se ha convertido en una suerte de Gran Hermano. ¿Conviene entonces animarlo sabiendo que no siempre hay una intencionalidad lúdica o erótica sana, sino que se hace por venganza o incurriendo en delito?

Citando a Arturo Pérez-Reverte: “La masturbación que más ríos de tinta y sudores internautas ha hecho correr en Occidente en el último año” es la de la concejala Olvido Hormigos, quien grabó desnuda sus placeres solitarios. Pero la lista de “pillados” sería interminable. La ex congresista Chris Lee tuvo que dimitir después de difundirse un email con una foto sin camisa. Karina Bolaño, ex ministra de Juventud en Costa Rica, renunció a causa de un vídeo de YouTube donde aparecía en ropa interior. En nuestra memoria está también la orgía china difundida por Weibo, algo así como el Twitter chino, que tenía como protagonistas a tres de sus líderes políticos y dos jóvenes desconocidas. Anthony Weiner, ex congresista de EEUU, tuvo que dimitir y pedir disculpas públicamente después de enviar fotos desnudo y con las manos en sus genitales.

La curiosidad nos pone
¿Por qué sabiendo lo que ponen en juego, y pese a la alta probabilidad de ser descubiertos, se exponen con estas prácticas? “Las personas notables”, dice Menassa de Lucía, “son de alguna manera referencia para nuestros modelos ideológicos, nos sirven de identificación. Por eso, cuando salen a la luz estas conductas somos sus jueces morales”.
En estas situaciones, donde nos da morbo ver cómo practican el sexo personalidades de la sociedad, nos solemos comportar como cuando éramos niños y nos poseía la curiosidad. “Las revistas del corazón y la prensa amarilla se valen de esta máxima, explotan esa curiosidad infantil por la sexualidad”, añade el psicólogo.

Pero estos escándalos sacados a la palestra casi siempre con la complicidad de las nuevas tecnologías no son ni mucho menos nuevos.
¿Acaso mirar, ser mirado, romper reglas y el desacato de los límites no han estado siempre ahí? “Una gran parte de los hombres y las mujeres”, insiste Menassa de Lucía, “se excitan con la visión de cuerpos desnudos y personas realizando el acto sexual, sobre todo cuando lo hacen clandestinamente o cuando los participantes en la acción sexual no son conscientes de tener un público.
Idénticamente, cuando nos sentimos observados o mirados la excitación sexual puede aumentar. Lo novedoso es que nunca como ahora el hecho de ser pillado dando rienda suelta a nuestras pasiones se convertía en fenómeno viral en cuestión de minutos.

Una investigación de la Universidad de Princenton confirma también que la posibilidad de ser descubierto es una de las fantasías más frecuentes, y aumenta el placer del orgasmo: el riesgo incrementa la producción de dopamina, neurotransmisor básico en la excitación.  Para los jóvenes, su versión favorita se llama dogging, que se practica en lugares públicos, sin ningún inconveniente en ser descubierto. En Reino Unido, cerca del 60% de los parques están afectados por este fenómeno.

Quienes lo practican suelen ser, a pesar de su juventud, veteranos del sexting (o envío de imágenes a través de móviles y redes sociales). En realidad, es también el modo de reafirmarse sexualmente. “Por la mirada del otro, uno se construye y define sexualmente: si soy atractivo o no, si gusto o no”, explica el psiquiatra José Sahovaler, experto en adolescencia y tecnología, en su ensayo Los chicos y los medios. En España, el fenómeno de fotografiarse en actitud provocativa es aún incipiente. El Observatorio de la Seguridad de la Información de INTECO maneja un porcentaje en torno al 4%. En Estados Unidos ronda el 30%.
De todo esto se desprenden dos verdades. La exploración del erotismo ejerce una atracción poderosa. Y las reglas que rige la pasión mutan con los tiempos. En este momento, el arte de la seducción apela a la creatividad y la fantasía que exige la cámara.


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