Repasamos la vida del rey del escapismo

12 increíbles imágenes de Houdini que tienes que ver

Fue el azote de los espiritistas, el rey del escapismo y el primer ilusionista en alcanzar fama mundial. Una exposición en la Fundación Telefónica de Madrid recorre, de su mano, la historia de la magia.

Ana Pérez - 14/02/2017


La clave de su éxito radicó en la incorporación de las tecnologías más punteras de la época a sus espectáculos y en su obsesión por investigar las bases científicas y racionales en las que se basa la magia, alejándola de los espiritistas y médiums que tanto proliferaban en su época y a los que desenmascaró sin descanso durante toda su vida, lo no significaba que no creyera en la posibilidad de contactar con los muertos. De hecho él mismo lo intentó, en vida, tras la muerte de su madre. Además, ideó un código que solo su mujer y él conocían para que, después de su muerte, ningún médium pudiera estafarles alegando estar contactando con ellos en el más allá. Él falleció primero y su mujer organizó varias sesiones de espiritismo durante muchos años, con la esperanza de que su esposo, de verdad, se pusiera en contacto con ella. Nunca sucedió.

“Un rasgo de su carácter era una vanidad tan evidente que era más graciosa que ofensiva”, dijo de él Conan Doyle

A través de su vida y obra, la exposición Houdini. Las leyes del asombro, que se podrá ver en la sede dela  Fundación Telefónica en Madrid hasta el 28 de mayo, traza la historia de la magia moderna y su evolución desde las barracas de feria, los museos de diez centavos en los que se inició el mago, hasta los grandes  espectáculos de masas que inauguró el propio Houdini y que llegan hasta hoy.

Vocación de mago

Según la última biografía del mago en español, Houdini (Ed. Almuzara), su primer truco se lo realizó a su madre, siendo un niño. Trabajaba como mensajero en Nueva York y había conseguido unas monedas: “De vuelta a casa, Harry repartió las monedas por toda la ropa y al acercarse a su madre le dijo: Madre, le voy a enseñar un truco, por favor, agíteme. Y cuando ella lo hizo, el dinero comenzó a caer sobre el suelo. ¿Ve? Hago magia, dijo”.  Años después,  su padre le llevó a ver el espectáculo  de un mago famoso, el doctor Lynn, que descuartizaba a su ayudante delante del público y luego lo volvía a recomponer. Este número, según muchos de sus biógrafos, fue el que le llevó, definitivamente, a interesarse por la magia. Tal fue su determinación que, cuando sus padres le enviaron a trabajar a una cerrajería para labrarse un futuro, él lo aprovechó para estudiar los mecanismos detrás de los cierres, que después lo convertirían en el maestro del escapismo.

Si lo veo no lo creo

Tenía una gran obsesión por demostrar su fortaleza física. No fumaba, no bebía y cada día se entrenaba haciendo gimnasia, lo que lo convirtió en un referente estético de la época y lo preparó para su especialidad, el escapismo. Entre sus mejores trucos estaban los que le llevaban a sumergirse en el agua dentro de cajas selladas. Incluso hizo construir una celda submarina, llena de agua, en la que entraba boca abajo con los pies enganchados en un cepo de madera, del que también conseguía zafarse. Otro de sus puntos fuertes eran las desapariciones. Ejecutó como nadie la Metamorfosis, el truco en el que el mago se intercambia con su ayudante, previamente atado y metido en un baúl precintado. Y al final de su carrera, asombró a las masas haciendo desaparecer un elefante de varias toneladas en escena.

Formó parte del comité de la revista ‘Scientific American’ donde desenmascaraba los trucos de los falsos espiritistas

También fue el primero en utilizar estrategias de comunicación para promocionar sus espectáculos antes nunca vistas, como los trucos “gancho” que hacía ante multitudes antes de una actuación, de los que se hacía eco la prensa, llevándole aún más espectadores.

Tras morir su madre, aseguró: “Mientras la mayor parte de la gente dice temer a la muerte, yo me considero preparado para enfrentarme a ella”. La hora le llegó el 31 de octubre de 1926, cuando un estudiante le pilló desprevenido y le propinó varios puñetazos en el estómago. Esto le desencadenó una peritonitis aguda que no se quiso tratar. Cuando al fin llegó al quirófano, tenía una infección abdominal que, en la época anterior a los antibióticos, era prácticamente una sentencia de muerte. Genio y figura, hasta la sepultura.
 


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