Plantarle cara a la malaria

Pedro Alonso: “Nosotros contamos muertos. Trabajo para ver a cuántos puedo salvar”

Es médico, investigador, actual director del Programa de la OMS para la Malaria e impulsor de la primera vacuna con eficacia parcial contra esta enfermedad. Pedro Alonso lleva 30 años plantando cara a la malaria, el drama que invadió su primera consulta en África. Ahora ha cambiado las sandalias por el traje para combatirla desde lo más alto de la OMS.

Pilar Gil Villar - 17/07/2017

Imagen Pedro Alonso

Cordial, con voz sonora, este científico que ha salvado millones de vidas me escucha y responde concentrado y preciso. Y con toques tan espontáneos como el pañuelo de elefantes con el que se ha traído África en la chaqueta (confiesa que a propósito). Hablamos durante su visita a su Madrid natal, para recoger el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en Cooperación al Desarrollo, que comparte con el adalid de la lucha contra el mal de Chagas, Peter Myler.

Un gran logro: centenares de miles de niños de tres países africanos recibirán en 2018 la vacuna RTS.S (Mosquirix), cuyos ensayos ha dirigido Pedro Alonso.

P. ¿Qué significa un premio así, más allá de lo personal?
R. Un reconocimiento, lo preocupante es que lo es ya a una trayectoria profesional y dices ay, ay, ay [y sonríe cómplice]. Pero que una institución como esta dé carta de naturaleza a la investigación como forma estratégica de cooperación internacional me parece especialmente valioso.

P. Usted acabó la carrera y se fue a África. ¿Por qué lo hizo?
R. No lo sé. Siempre tuve la ilusión de dedicarme a la medicina en las poblaciones más desfavorecidas. No sé por qué. Pero durante las prácticas en Boston (EE. UU.) busqué oportunidades y surgió una en África. Fue amor a primera vista. Llegué y dije: esto es exactamente lo que quiero hacer.

P. Se inició en atención primaria, pero ¿la investigación?
R. Llegó de forma natural. Cuando ves el primer niño y lo que tiene es malaria. Y el segundo también. ¿El tercero? Neumonía. ¿Y el cuarto? Malaria otra vez. Y dices: esto de la malaria, exactamente, ¿qué es? Empiezas a estudiar y descubres enormes agujeros en nuestro conocimiento. Cuando uno no tiene respuestas, las busca. Eso es la investigación. Mi impulso vino de enfrentarme a poblaciones donde uno de cada cinco nacidos vivos moría antes de los cinco años. Pero ¿por qué se mueren? Y piensas: Porque son pobres. Ya, pero desde un punto de vista biomédico, ¿cuáles son las causas? Y ante ellas, ¿cómo podemos prevenirlas, curarlas? ¿Tenemos herramientas? No, no.

“Trabajar con pocos recursos presenta retos notables, pero eso es lo más bonito del mundo”

P. ¿Empezó a buscarlas?
R. Sí, dije: ¿Por qué no se sabe de estas enfermedades tan gigantescas? Ahí descubrí el desequilibrio 10/90. Si miras las causas de muerte en el mundo, el 90 % de ellas se dan entre las poblaciones más pobres y el 10 % en las más ricas. En las zonas más pobres pierden más años de vida. Pero los recursos mundiales para investigación biomédica presentan la foto inversa. El 90 % se destinan a enfermedades que causan el 10 % de la mortalidad prematura. Solo el 10 % a las que causan el 90 %. Esa ha sido otra motivación de mi carrera. Tenemos que superar esas brechas.

P. ¿Qué relevancia tiene contemplar el problema in situ?
R. Sensibilizarme a partir de la práctica clínica. Y, al trabajar allí en un centro, entender lo que significaba la investigación en contextos de bajos recursos.

P. ¿Qué tiene de peculiar?
R. Yo la encuentro extraordinariamente gratificante. Estás viendo el problema, que no es menor. Nosotros contamos muertos. Lo que estoy haciendo previene que se mueran y a ver cuántos consigo salvar. El reto es que debes aplicar –siempre lo hemos hecho– los mismos estándares de calidad (científicos, metodológicos, éticos) que aquí. Pero quieres utilizar la máquina de última generación, que las tenemos, y no hay luz. Tienes que instalar un generador. Es decir, hay retos logísticos notables, pero eso es lo más bonito del mundo.

P. Usted logra una gran reducción en la incidencia de la malaria con redes con insecticida. ¿Cómo llegó a ellas?
R. Había una gran controversia a mediados de los ochenta. La malaria la transmite un mosquito y pica por las noches. En África durante muchos años han utilizado mosquiteras sin impregnar, pero nunca se había evaluado bien el resultado. Tan es así que asistí a mi  primera reunión en la OMS porque mi jefe le veía a aquello muy poco futuro y en vez de ir él me mandó a mí.
A pesar de eso, conseguimos financiación de la OMS para evaluar el aumento de la protección si combinábamos las redes impregnadas con dar a la gente un antipalúdico. Y, de las pocas ideas buenas de mi vida, dije: pero mantendremos un grupo con el que valorar solo la eficacia de mosquiteras impregnadas frente a las normales. Y ¡tate!

Con ensayos en Gambia, Alonso demostró la eficacia de las mosquiteras impregnadas para reducir la mortalidad.

P. Funcionó.
R. Tuvimos un resultado espectacular que publicamos en The Lancet en 1991. Eso cambió el juego. Entonces ni nosotros ni nadie sabíamos mucho de inmunología. Y aprendimos que se reducía relativamente poco la prevalencia de la infección, pero mucho la mortalidad. Ahora las mosquiteras impregnadas son la herramienta fundamental en la lucha contra la malaria. Una evaluación de Oxford y la OMS en 2015 las consideró las principales responsables de la reducción del 70 % en la mortalidad en los últimos años. Es decir, 6 millones de muertes evitadas.

P. ¿Qué otras líneas se siguen?
R. ¿Tienes tiempo? Porque esto de la malaria es muy complicado. El parásito está en el mosquito, que te lo transmite cuando te pica. El parásito se reproduce y, cuando tú tienes su fase transmisible y otro mosquito te pica, infectas tú al mosquito. Y a ti te puede enfermar o matarte. ¿Qué puedes hacer? Varias cosas. Tomar fármacos de manera preventiva o como tratamiento, para matar al parásito cuando está en ti. Insecticidas, larvicidas o barreras antipicaduras contra el mosquito. Y la búsqueda del Santo Grial, las vacunas. Estimular el sistema inmune del humano para que se cargue al parásito que recibe en una picadura.

P. Pero no es fácil obtenerlas.
R. No, los parásitos son organismos con una biología extraordinariamente más compleja que los virus o las bacterias. Dentro del humano pasan por distintas fases que cambian su composición antigénica. Tu sistema inmune no identifica igual al organismo en el hígado que en la sangre.

P. Ahora tenemos una primera generación de vacunas.
R. Sí, pero tiene un 30-40 % de eficacia. Vamos a empezar a aplicarla en 2018 desde la OMS porque, aunque no sabemos con precisión cómo funciona, sería de las de mayor impacto.

“Una gran parte del futuro de la humanidad nos la jugamos en África”

P. ¿Será aún un ensayo?
R. No, es un producto registrado a todos los efectos, pero aún necesitamos evaluar una señal de riesgo sobre unas meningitis. Por eso hablamos de implementación piloto. Yo creo que no va a ser nada, pero necesitamos confirmarlo. Además son cuatro dosis, muy espaciadas, y hay que ver si, en el mundo real donde esto ya queda en manos de los ministerios, es fácil la aplicación de todas. Esa es la clave.

P. ¿Cuánto tiempo protege?
R. 18 meses. Durante los primeros cinco años, la época de máximo riesgo, cuando se produce el grueso de las muertes. Después van a seguir enfermando de malaria, pero mucho menos y probablemente ya no mueran de ella. Aunque es muy importante que la población entienda que, a pesar de estar vacunados, pueden padecerla y deben acudir al médico si aparecen síntomas.

P. ¿Qué importancia tiene la financiación para la malaria?
R. La brecha 10/90 no se ha resuelto. Los economistas hablan de una falla de mercado. En tu farmacia hay medicamentos que necesitas porque mucha otra gente los compra también. En las poblaciones sin capacidad de compra, se pierde el estímulo para que la industria invierta. No es un tema de maldad. Si las farmacéuticas desarrollan estos productos que no pagan ni las poblaciones pobres ni sus sistemas de salud, se hunden en la bolsa al día siguiente.

P. Ahí interviene la cooperación internacional.
R. Es uno de los mecanismos.

P. Usted ha pasado de África a la OMS, en Suiza.
R. No me lo recuerdes (ríe).

P. ¿Qué echa de menos?
R. Estar allí. Ir en pantalón corto y sandalias a pie de obra.

P. ¿Y el sí a la burocracia?
R. Fue por varias cosas. Creo en el potencial y la bondad de las instituciones multilaterales, con todos los estados, frente a los mecanismos bilaterales. Tener una agencia de Naciones Unidas dedicada a la salud, la OMS, sin obedecer necesariamente a los intereses del Gobierno A, B o C ha sido y es muy útil.

P. ¿Cómo afecta a la malaria?
R. Puede cambiar las realidades de las poblaciones infectadas por su autoridad única. Nosotros desarrollamos la Estrategia Global de Lucha Contra la Malaria 2016-2030. Este documento de referencia determina qué se debe hacer para que en 2030 se haya reducido un 90 % la mortalidad por malaria, un 90 % los casos de enfermedad y haberla erradicado en al menos 35 países. La OMS permite llevar la ciencia a la gestión de la salud pública. Si gente con experiencia dedicamos unos años de nuestra vida a apoyarla, se puede hacer mucho desde esa plataforma. ¿Lo querré hacer toda mi vida? No. Es un trabajo muy interesante, pero también duro, porque estoy fuera de mi ámbito natural.

P. ¿Y cuando termine?
R. De vuelta a Mozambique. Mi carrera profesional la acabaré allí. Eso lo tengo muy claro. Yo creo que una parte importante del futuro de la humanidad nos la jugamos en África. Y además, me gusta, me gustan los africanos, me lo paso muy bien allí.

P. ¿Dónde está su hogar?
R. Ahora en Ginebra, pero también en Barcelona y en Mozambique, donde tenemos casa.

P. ¿Tiene usted hijos?
R. Sí, tres. Ya mayores.

P. ¿Cómo se compagina una familia con su trayectoria?
R. Hemos sido muy afortunados, porque mi mujer se dedica a estos mismos negociados. Y, por tanto, encajar trabajo y familia ha sido relativamente fácil. Antes pasábamos la mitad del tiempo en Mozambique y la mitad en Barcelona. Los niños han tenido unas infancias y adolescencias tempranas un poco distintas de las habituales. Su verano era estar en un pueblecito rural de Mozambique o de Tanzania en su época. Me gustaría pensar que eso ha sido bueno para ellos.

P. ¿Usted está satisfecho?
R. Sí, sí, sí. Sí lo estoy.


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