DOSSIER

La vida por adelgazar

Quo - 13/03/2009

entrando a quirofano
en el quir√≥fano. Juanjo recuerda que antes de caer dormido ‚Äúhab√≠a mucho movimiento, todo perfectamente coordinado‚ÄĚ.

Desde el 18 de febrero, Juanjo Af√°n ya no es una persona con obesidad m√≥rbida; la medicina simplemente le considera obe¬≠so. Ese d√≠a, la b√°scula le dio un notici√≥n: hac√≠a cinco a√Īos que la cifra que aparec√≠a en la pantalla no bajaba de los 130 kilos, y muchos meses que no lo hac√≠a de los 140. Marcaba 124 (su peso a comienzos de a√Īo era 143). Lo m√°s sorprendente es que ha perdido esos 19 kilos en un mes y dos d√≠as sin recurrir a ninguna dieta milagro ni a una liposucci√≥n dr√°stica en el abdomen. La p√©rdida de peso es el efecto de una operaci√≥n que le ha dejado con el est√≥mago de un beb√©. Se la hicieron en el Hospital Cl√≠nico San Carlos de Madrid el 16 de enero. ‚ÄúDespu√©s de ver los primeros efectos, ese d√≠a ya es para mi un segundo cumplea√Īos; marca un antes y un despu√©s en mi vida‚ÄĚ, dice Juanjo.

Evaluar riesgos

La celebraci√≥n est√° m√°s que justificada. Las personas con obesidad m√≥rbida (√≠ndice de masa corporal superior a 40) que se deciden a pasar por el quir√≥fano, en realidad est√°n contratando un seguro de supervivencia. ‚ÄúEn el exceso de peso, lo de menos es el problema est√©tico; lo que resulta m√°s importante es c√≥mo altera la calidad de vida de las personas, y a largo plazo, los graves problemas de salud que aparecen‚ÄĚ, apunta Carmen Hern√°ndez, la cirujana que convenci√≥ a Juanjo de que se pusiera en sus ma¬≠nos.
Porque hizo falta convencerle. Las noticias aparecidas el verano pasado sobre personas que se hab√≠an sometido a la misma operaci√≥n que a √©l le propon√≠an, le hab√≠an metido el miedo en el cuerpo. Pero la doctora le dio un argumento concluyente que esfum√≥ sus dudas: ‚ÄúAhora corres m√°s riesgo que oper√°ndote‚ÄĚ.

Alarma injustificada

En los hospitales p√ļblicos, la mortalidad en estas operaciones es inferior al 0,5%, es decir, una muerte por cada 200 o 250 cirug√≠as. ¬ŅJustifica esta tasa la alarma que se suscit√≥ hace unos meses? Seg√ļn los especialistas, est√° en la media de otras intervenciones, y cada vez es menor gracias a la incorporaci√≥n en los √ļltimos a√Īos de la cirug√≠a laparosc√≥pica, que ha reducido los d√≠as de hospitalizaci√≥n y las complicaciones postoperatorias. De hecho, los resultados son tan buenos que se interviene a personas de hasta 70 a√Īos.
En estas operaciones, el riesgo no tiene que ver tanto con la complejidad de la t√©cnica, m√°s sencilla que otras, sino con los problemas que surgen por la deteriorada salud de muchos de los pacientes que entran en el quir√≥fano. La obesidad que arrastran desde hace d√©cadas ha ido lastrando su constituci√≥n, y lo normal es encontrarse con pacientes que, adem√°s de exceso de peso, tienen artrosis, cardiopat√≠a isqu√©mica, hipertensi√≥n arterial, pancreatitis, cirrosis, insuficiencia respiratoria‚Ķ y as√≠, hasta una veintena de enfermedades m√°s. La mayor√≠a de estos problemas supone un riesgo a√Īadido de cara a una intervenci√≥n, pero tambi√©n mejoran cuando el paciente pierde peso. As√≠ que la cirug√≠a se convierte en la mejor alternativa.
En la Sociedad Espa√Īola de Cirug√≠a de la Obesidad han comparado en un estudio la mortalidad que se produce entre las personas que se operan y las que no. Para hacerlo, siguieron durante cinco a√Īos a 6.700 obesos, y comprobaron que la mortalidad entre los intervenidos fue del 0,7%, mientras que entre los no operados lleg√≥ al 6%, diez veces m√°s.

Comer fuera de casa

La esperanza de vida de Juanjo, como la del resto de personas que se han operado, se alargar√° unos 12 a√Īos, seg√ļn certifican las estad√≠sticas m√©dicas. A Juanjo le sobran unos 60 kilos, as√≠ que, haciendo una cuenta r√°pida, por cada cinco que pierde gana un a√Īo. ‚ÄúPero el objetivo de una operaci√≥n de cirug√≠a bari√°trica no es solamente sumar a√Īos a la vida de una persona, sino tambi√©n vida a esos a√Īos‚ÄĚ, apunta Carmen Hern√°ndez. Con la intervenci√≥n, adem√°s de su salud y calidad de vida, mejorar√°n su rendimiento laboral y su autoestima.
Un mes despu√©s de la intervenci√≥n, los efectos de la p√©rdida de peso se dibujan a las claras en la cara de Juanjo, y no √ļnicamente porque ya se nota m√°s estilizada, sino por la sonrisa de oreja a oreja que la atraviesa. Su batalla contra la b√°scula comenz√≥ en 1986 cuando empez√≥ a trabajar y a comer fuera de casa. En un a√Īo gan√≥ once kilos. A partir de ah√≠, comenz√≥ la escalada: 110, 120, 130 hasta el r√©cord de 143 a comienzos de este a√Īo, y tambi√©n la espiral de dietas con y sin control m√©dico. Algunas de ellas descabelladas.
La peor de todas, recuerda Juanjo, fue una tristemente fa¬≠mosa en los 80, que consist√≠a en to¬≠mar tres pastillas, una roja, otra amarilla y otra azul, y como en otros tratamientos supuestamente milagrosos, comer la cantidad de comida que se quisiera. Captaban a sus clientes con este reclamo y unos efectos revitalizantes llamativos: ‚ÄúNunca ha¬≠b√≠a desarrollado tanta actividad; con dormir dos horas ten√≠a bastante‚ÄĚ, recuerda Juanjo. Pero hab√≠a trampa: ‚ÄúEl tratamiento era un c√≥ctel explosivo de anfetaminas‚ÄĚ.

Sentencias

Tampoco puede hablar bien de las experiencias con algunos m√©dicos de la Seguridad Social. En Ciudad Real, uno de ellos ‚Äúresolvi√≥‚ÄĚ su exceso de peso con la siguiente sentencia: ‚ÄúLos que est√°n gordos es porque quieren. La soluci√≥n es no comer: f√≠jese, en pa√≠ses donde pasan hambre, como la India, no hay gordos‚ÄĚ. Eso lo escuch√≥ una vez, porque, obviamente, no volvi√≥ a ese m√©dico, pero las sentencias de su ex mujer tuvo que o√≠rlas durante a√Īos: ‚ÄúUno de mis sue√Īos era casarme con alguien delgado, y me toc√≥ el gordo‚ÄĚ. La relaci√≥n acab√≥ rompi√©ndose, y Juanjo pas√≥ por un per√≠odo en el que se sent√≠a culpable por no haber sabido mantener su matrimonio.
Su autoestima estaba por los suelos, algo muy frecuente entre las personas con obesidad mórbida. De hecho, es una enfermedad en la que interviene un componente genético (no es el caso de la familia de Juanjo, donde todos son delgados), metabólico y también psicológico. De ahí que, entre la docena de profesionales que participan en el tratamiento y seguimiento de una persona que se opera, una pieza imprescindible es el psicólogo.

Lourdes no existe

Experiencias parecidas podr√≠an contar muchas personas con exceso de peso. Sin salir de las dietas, cualquiera podr√≠a citar de memoria media docena de tratamientos con los que se pierde ‚Äúy no se pasa hambre‚ÄĚ. La coletilla es una frase acu√Īada. Pero cuando se habla de control del peso, los milagros no existen, seg√ļn los especialistas. ‚ÄúLa personalidad ansiosa de alguien con obesidad m√≥rbida hace que coma m√°s de lo normal, y de forma compulsiva: a veces se pegan aut√©nticos atracones‚ÄĚ, recuerda Carmen Hern√°ndez. Por este motivo, las dietas no funcionan a largo plazo, ‚Äúy la cirug√≠a se convierte en un milagro real, pues es la √ļnica opci√≥n que permite reducir mucho peso‚ÄĚ, a√Īade la cirujana del Cl√≠nico San Carlos de Madrid.
La clave est√° en el tama√Īo del est√≥mago que le queda a las personas que se operan: literalmente es el de un beb√©. ¬ŅY la dieta? Acorde con la de un reci√©n nacido. De hecho, Juanjo nos contaba en el blog de quo.es que estaba ‚Äúenganchado al biber√≥n‚ÄĚ, y que estaba ‚Äúaprendiendo a comer de nuevo‚ÄĚ. La √ļnica diferencia con respecto al aprendizaje de un beb√© es que en el caso de Juanjo ha sido m√°s r√°pido. Durante el primer mes tras la intervenci√≥n, su dieta ha consistido en infusiones, leche, batidos (a elegir, fresa, vainilla y chocolate), y en las √ļltimas semanas, como los ni√Īos al cumplir los seis meses, pur√©s de verduras. En poco tiempo, sus comidas ser√°n las normales de cualquier persona, en todo, ex¬≠cepto en la cantidad ingerida. Como muestra, un bot√≥n: su merienda del 18 de febrero fueron dos dedos de compota de manzana en un vaso. Y asegura que no pasa hambre. Claro, que come cada dos horas, como recomienda la mayor√≠a de dietistas: tomar muy poca cantidad, pero mu¬≠chas veces al d√≠a.

Un a√Īo despu√©s

Si las previsiones se cumplen, dentro de un a√Īo Juanjo pesar√° alrededor de 90 kilos, y habr√° dejado de ser muy obeso para tener simplemente sobrepeso. De su cuerpo se habr√°n esfumado 53 kilos de grasa (en Quo publicaremos la foto), y con ellos, 23 a√Īos de lucha contra la b√°scula.


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