psicología

El hijo favorito

La ciencia explica las causas y consecuencias del favoritismo paternal

Ana Pérez - 16/12/2011

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"El 95% de los padres tiene un hijo preferido, y el otro 5% miente”, asegura Jeffrey Kluger, autor de The Sibling Effect: what the bonds among brothers and sisters reveal about us (El efecto fraterno: lo que los vínculos entre hermanos y hermanas dicen de nosotros), un artículo publicado en la revista Time en noviembre y cuyo contenido ha creado un gran revuelo. En él, Kluger desarrolla las claves de lo que denomina “la ciencia del favoritismo”, avalada por investigaciones recientes.
Padres bajo sospecha
Por ejemplo, un estudio llevado a cabo por Catherine Conger, profesora de Desarrollo Humano y Comunitario de la Universidad de California en Davis, reunió a un grupo de 384 pares de hermanos y a sus padres, y los observó tres veces durante tres años. Les preguntó sobre su relación y grabó en vídeo cómo reaccionaban ante los conflictos. Al final, concluyó que el 65% de las madres y el 70% de los padres exhibían una clara preferencia por uno de sus hijos, normalmente el más mayor. Y eso que estas cifras podrían estar sesgadas a la baja, al saberse observados por un experto.

Para Victoria del Barrio, profesora de Psicología de la Personalidad de la UNED: “Los estudios indican que siempre hay un hijo que tiene más atención o admiración por parte de los padres. Estos se harían desollar vivos antes de reconocerlo, pero cuando hablas con los hermanos, lo reconocen y normalmente están de acuerdo en quién es el favorito. Incluso desde un punto de vista legal, buceando en las herencias de las familias, también se ve que hay un hijo más beneficiado que los demás. Al fin y al cabo, el preferir a una persona sobre otra es una constante en todas las relaciones humanas”.  Pero ¿a qué se debe?

Según el propio Kluger, el favoritismo paterno tiene una finalidad puramente evolutiva: “Ya que la familia no tiene otro objetivo más que el de hacer perdurar nuestra especie en las generaciones siguientes. Por eso, el acto narcisista de reproducirnos impulsa a los padres en favor del hijo mayor, el más saludable y el que tendrá más éxito reproductor”.  

Y algo que apoyaría esta tesis es el hecho de que en la naturaleza también se da. “El favoritismo parental es muy frecuente, sobre todo en animales cuyo período de crianza es prolongado, como los mamíferos en general y primates en especial”, asegura Fernando Peláez, experto en Psicología Biológica de la Universidad Autónoma de Madrid.

Para Del Barrio, sin embargo, el favoritismo tiene una razón más social: “Tanto en el núcleo social familiar como en otros núcleos sociales siempre hay una lucha por el poder. En la familia, el objeto de deseo es el amor de los padres porque tenerlo permite tener acceso al poder”. Pero ¿cuáles son las razones por las que se elige a un hijo sobre otro?
La niña bonita
“Un factor importante a tener en cuenta es la personalidad. La que se amolde más a las de los padres tiene más posibilidades de ser favorecida. Si se trata de un padre autoritario, es más fácil que congenie con un hijo obediente que con uno contestatario. Así, los padres se sienten más cómodos con los hijos con los que tiene mejor comunicación emocional”, explica Del Barrio.

Otro factor que Kluger apunta en su artículo es el de la belleza. No en balde, en castellano cuando nos referimos al hijo favorito hablamos de la niña o el niño bonito. Catherine Salmon, psicóloga experta en relaciones fraternales de la Universidad de Redlands en California, asegura: “La heurística general nos hace creer que las cosas más bellas son también las más saludables, las mejores”. Esto es algo que ocurre en todo tipo de relaciones personales; también en el trabajo y entre los amigos. Los más guapos suelen tenerlo más fácil.

Pero en realidad, lo que subyace a todo esto, según Del Barrio, son las expectativas.
“Todos los padres generan ciertas expectativas sobre sus hijos. Si estos las cumplen, es más fácil que sean admirados y aceptados por los padres. Así es como unos individuos se van posicionando mejor que otros”, apunta.

Una investigación publicada en la revista Human Nature en 2009 sobre quiénes suelen ser los favoritos del padre y de la madre concluyó que en la mayoría de los casos los candidatos de la madre eran los primogénitos varones, y los del padre eran las hijas más pequeñas.

Cuestión de sexo
“Efectivamente, los padres tienen más afinidad con las hijas y las madres con los hijos. En mi opinión, el sexo no está en la base de la explicación, como pensaba Freud, pero sí lo está con las expectativas”, afirma Del Barrio.

Y es que parece que los padres valoran especialmente los logros en disciplinas relacionadas habitualmente con el sexo opuesto. “Así, la madre valorará especialmente la vena poética de su vástago, mientras que el padre hará lo propio con el máster en negocios de su pequeña”, apunta Kluger en Time.

El sexo es especialmente determinante en las familias con tres hijos. En principio, el primero y el último siempre tienen más posibilidades de caer en gracia. Pero en una familia con tres hijos, si hay dos de un sexo y uno de otro, este será el que se lleve el gato al agua.

Yo soy la mediana de una familia de tres chicas, y aunque sí es cierto que durante mi adolescencia (muy convulsa, la verdad) me sentí a ratos incomprendida, con el tiempo he entendido que esto no era más que fruto de las diferencias que había entre nosotras. Yo era una niña algo distraída y como, además, tenía mucha facilidad para aprender, lo dejaba todo para el último día. Mi hermana mayor, por ejemplo, era mucho más constante y trabajadora que yo. Así que, aunque ella sacara peores notas, mis padres sabían que había hecho todo lo que podía y yo no. Pero nunca me sentí rechazada, ni tengo recuerdo alguno de haberme tenido que esforzar para obtener el amor de mis padres.

Sin embargo, algunas teorías explicarían mi caso personal con la existencia de una predilección por el hijo mayor en mi detrimento, la mediana o “niña sándwich”. Y es que parece que el orden en que hayas nacido también influye en esto del favoritismo.

Yo llegué primero
Ya hemos dicho que en muchos casos el favorito tiende a ser el primogénito. ¿Por qué? Pues hay toda una literatura científica que corrobora que el orden de nacimiento influye, y mucho, en la relación con los padres y, por extensión, en la personalidad y el favoritismo. El punto de inflexión en este tema lo marcó la publicación de Born to Rebel (Nacido para rebelarse), el libro del profesor de Berkeley Frank J. Sulloway en el que ratifica que los hermanos compiten por el favor de los padres. Su aportación en este punto es que, según él, las estrategias que utiliza cada uno para conseguirlo es lo que conformará su personalidad en el futuro. 
Así, por ejemplo, los mayores suelen ser más conservadores, respetuosos con las expectativas y los valores paternos, y perfeccionistas. Los medianos suelen tardar más en saber lo que quieren hacer con su vida, pero son más sociales, y los pequeños suelen ser más bohemios, independientes y encantadores.
De modo que, según este reparto, es evidente por qué el mayor suele ser el elegido. Además, hay estudios científicos que demuestran que los primogénitos tienen un cociente intelectual (CI) 2,3 puntos por encima del segundo. Esto se debe sobre todo a la cantidad de dedicación que los padres le ofrecen mientras es hijo único, lo que supone sin duda una mayor oportunidad de desarrollo. En definitiva, los padres han puesto tanto esfuerzo en este hijo que es normal que sea su preferido. 
Sin embargo, ¿qué consecuencias tiene el favoritismo en los hijos, tanto en el elegido como en los “desfavorecidos”?
Consecuencias en la edad adulta
Según Ellen Libby, psiquiatra y autora del libro El hijo favorito: “Estos niños crecen experimentando la confianza de haberse ganado el favor paterno. Así no hay reto que se les resista. Y por eso se creen con el derecho a tener lo que quieren cuando quieren, y no esperan consecuencias negativas de su comportamiento. 

Cuando Bill Clinton era presidente, la gente se preguntaba por qué puso en peligro su carrera por tener una relación con Monica Lewinsky. La respuesta es simple: él era el hijo favorito de su madre, así que se creyó con el derecho de conseguir lo que quería y no pensó en las consecuencias”. Por eso, según la propia Libby, es importante que los padres eviten esto, que les deparen las mismas consecuencias que a sus hermanos.

Del Barrio apunta: “Los favoritos superprotegidos suelen convertirse en inmaduros que, cuando salen al exterior, perciben el mundo como hostil”.  
Por su parte, los “desfavorecidos” crecen creyéndose no merecedores del amor de sus progenitores, lo que les causa secuelas más o menos importantes incluso en la edad adulta.

“Los no elegidos, si digieren la situación con normalidad, serán más independientes y resolutivos que sus hermanos preferidos. Sin embargo, si se ha creado en ellos un sentimiento de resentimiento, esto puede crearles problemas en sus relaciones sociales futuras”, según Victoria del Barrio.

Clare Stoker, del departamento de Psicología de la Universidad de Denver, realizó una investigación en 136 pares de hermanos y determinó que: “Los que se sentían menos queridos eran más propensos a desarrollar ansiedad, baja autoestima y depresión en su madurez”.

“Y es que una de las cosas que más mina la vida afectiva de los adultos es la hostilidad paterna. Tu esperas que tus padres te quieran, y cuando sientes que no es así porque te tratan con desprecio, indiferencia, etc., las consecuencias son muy graves”, sentencia del Barrio.

Pero no todo es blanco o negro. Hay casos en los que el favoritismo cambia según la etapa vital, y otras en las que el que haya un hijo favorito no interfiere en el amor entre padres e hijos. “No creo que los padres deban preocuparse por tener un hijo favorito, sino más bien por cómo lo están educando”, asegura Libby.
Hay un término medio
Hace poco, una madre me reconocía haber tenido momentos de mayor conexión con uno de sus hijos que con el otro. “Por ejemplo, cuando me separé, identificaba a mi hijo con su padre y esto me produjo un gran conflicto interior. Sin embargo, su hermana era toda dulzura y resultaba mucho más fácil la convivencia con ella. Años después, en el inicio de la adolescencia, fue al contrario: mi hija comenzó a tener un comportamiento más rebelde, y entonces fue con su hermano con quien me sentía más a gusto ”. Este es un ejemplo estupendo de lo que la doctora Libby denomina “favoritismo de rotación”. “Cuando el sentimiento de favoritismo rota de un hijo a otro es más probable que no haya consecuencias. Los niños saben que llegará su turno, así que el privilegio de la posición será compartido”, asegura.

Por otra parte, los niños que se sienten queridos y valorados por sus padres, aunque sepan que no son los favoritos, no tienen problemas.

Si hacemos diferencias entre amigos, etc., ¿cómo no vamos a hacerlas entre nuestros hijos? En mi caso, como he dicho, no creo que hubiese una preferida, pero sí había diferencias de trato, y evidentemente cada uno de mis progenitores se entiende mejor con una de nosotras que con las otras. “Pero las diferencias no son negativas, siempre que no sean excluyentes”, afirma Libby.

Por último, actualmente en España hay una media de 1,3 hijos, por lo que existe menos probabilidad de que se dé favoritismo como tal.
Nuevos tiempos
“Pero hay más hijos únicos, que son los favoritos por excelencia”, apunta Del Barrio. Y sigue: “Entre la píldora y la reproducción asistida se está produciendo un cambio en la dinámica familiar aún por estudiar. De lo que sí hay ya mucha literatura científica en EEUU es sobre la convivencia en un mismo hogar de hijos de uniones anteriores de ambos padres con hijos comunes, o de hijos propios con adoptivos de diversas procedencias.

Esto sí que es un mosaico enorme. Por ejemplo, se ha visto que las chicas aceptan mucho peor las nuevas parejas de sus padres y a sus nuevos hermanos que los chicos. Y todavía se están determinando los problemas derivados en estos casos”, termina Victoria del Barrio. Pero esto es otra historia…


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