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¿Por qué algunas personas fallecen casi a la vez que sus seres queridos?

Debbie Reynolds muere solo un día después que su hija Carrie Fisher

Vicente Fernández - 29/12/2016

¿Por qué algunas personas fallecen casi a la vez que sus seres queridos?

Hollywood está conmocionado. A la inesperada muerte de la actriz Carrie Fisher, la princesa Leia de Star Wars, le ha seguido el sorprendente fallecimiento de su madre, la legendaria actriz Debbie Reynolds, protagonista femenina de películas como Cantando bajo la lluvia, tan solo un día después.

La veterana actriz, de 84 años, estaba organizando el funeral de su hija cuando se sintió repentinamente indispuesta, falleciendo a las pocas pocas horas de un derrame cerebral. Pero, ¿por qué algunas personas fallecen poco después de la muerte de un ser muy querido? Conviene recordar que es algo más habitual de lo que pueda pensarse. El filósofo Gustavo Bueno, por ejemplo, falleció tan solo dos días después de la muerte de su esposa.

Estudios psicológicos revelan que este fenómeno se da preferentemente (aunque no de forma exclusiva) entre personas de edad avanzada, cuyas vidas están muy vinculadas a la de su pareja sentimental o a la de algún familiar. Al perder ese apoyo, la razón de su vida desaparece, por lo que dejan de luchar e incluso de cuidarse. Los especialistas lo comparan con la supervivencia en una situación extrema. Algunas personas pueden realizar esfuerzos sobrehumanos para tratar de sobrevivir en medio del océano o perdidos en un desierto, y desvanecerse justo cuando ven aparecer al equipo de rescate. Según los expertos se debe a que el cerebro deja de luchar cuando ya no ve una razón para seguir haciéndolo. Y un mecanismo similar (aunque en versión negativa) parece suceder cuando fallece el miembro de una pareja especialmente unida.

Pero las causas no son solo fisiológicas. Un estudio realizado por la Universidad de Harvard en 2012, reveló que el duelo provocado por la muerte de un ser querido puede poner en riesgo la salud de la persona. Según esta investigación, la posibilidades de sufrir un ataque al corazón o un infarto cerebral se disparan hasta un 20% tras el fallecimiento de un ser querido, y el riesgo se mantiene durante un período que puede variar entre las veinticuatro horas y los dos meses, según las personas.


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