Cómo nos afecta al cuerpo

La alta temperatura da placer, cura o puede llegar a matar

Javier de Baya / Dolores Pérez - 11/06/2013

Cómo nos afecta al cuerpo

Cuando un forense se encuentra larvas del escarabajo del cuero en un cadáver abandonado, sabe de inmediato que ha sufrido los efectos del calor, y puede determinar cuándo se produjo la muerte. Según la temperatura de la zona, el escarabajo hace su aparición entre ocho y once días después de iniciada la descomposición. A los ejemplares de Dermestes maculatus no les gustan los tejidos húmedos, y dejan que otras especies se alimenten de los restos humanos en los primeros días después de la muerte; solamente cuando el calor ha acabado con las partes blandas ellos se hacen cargo de los tejidos resecos.  

Sensores de precisión
Tenemos un cuerpo termosensible. De la cabeza a los pies, cada una de las partes de un organismo vivo reacciona de una forma concreta y con una precisión de reloj suizo ante el calor. Por ejemplo, para que el cuerpo humano comience a sudar se sirve de unos sensores que se activan en cuanto registran 30ºC en la piel. La biología del calor forma parte de nuestra vida cotidiana: ¿quién no ha tenido alguna vez fiebre o no ha utilizado una bolsa de agua caliente para aliviar un dolor? Lo que ha cambiado es que comenzamos a conocer el porqué de cosas que la sabiduría popular nos ha transmitido.
En la Universidad de Londres han descubierto por qué el calor es tan eficaz como un analgésico. Cuando se alcanzan los 40ºC se “encienden” los receptores internos de las células, y estos, a su vez, cortan el paso a los mensajeros químicos que hacen que el cuerpo detecte el dolor. ¿Quién iba a pensar que lo que hace una bolsa de agua es desactivar el dolor a nivel molecular, justo el mismo mecanismo que utilizan los analgésicos? 

El agua caliente funciona como un analgésico: bloquea los mensajeros que hacen que el cuerpo detecte el dolor

Efectos del termómetro
Por encima de esa temperatura, las consecuencias en el cuerpo se parecen más a las que podría tener un incendio. “Si subimos hasta los cincuenta grados, las proteínas de las células ya se empiezan a desnaturalizar; también se funden los lípidos y se produce la necrosis del tejido”, explica Carlos Hernández Fernández, urólogo del Hospital Gregorio Marañón, de Madrid.
Sin embargo, este es­pecialista uti­liza el calor en el tratamiento de al­gunos tumores urológicos. Con radiofrecuencia, provoca una especie de “fuego” localizado en el área del tumor, y evita que resulten dañados los tejidos que lo rodean. A veces, para provocarlo se necesita la ayuda de otros tratamientos. En la Universidad de Duke, en Estados Unidos, han comprobado que algunas células cancerosas mue­ren con más rapidez cuando se las somete a temperaturas entre 40 y 45 grados, al mismo tiempo que se les aplica radioterapia.  

Lo que cuenta un muerto
Pero si hay un proceso que actúa como un fuego silencioso en el cuerpo, ese es la putrefacción que se produce tras la muerte. Los gases se introducen en los tejidos y en los vasos, y el cuerpo se hincha a causa del gas metano: puede llegar a alcanzar el doble o triple de su tamaño a las 18 horas del fallecimiento. El forense José Antonio García Andrade cuenta en su libro Los muertos también hablan cómo un compañero suyo enseña este macabro espectáculo a los visitantes de su laboratorio.
Deja en penumbra la sala, enciende una cerilla y clava una aguja en un cadáver hinchado: el cuerpo despide entonces una llama azulada provocada por los gases, y los espectadores dan un grito de asombro. En ese cuerpo en descomposición, la sangre es un mar fértil en el que las bacterias proliferan de forma espectacular.

Una corriente eléctrica que genera calor un milímetro por debajo del cuero cabelludo estimula el crecimiento del pelo

Cabría preguntarse: ¿y dónde no lo hacen? Su capacidad de adaptación es portentosa, aunque, puestas a elegir, tienen sus preferencias: el calor les gusta más que el frío, como a los hongos. Las complace tanto que incluso las hay adictas a él, ¡y a qué temperaturas! No menos de 50 o 60 grados. Un grupo de científicos rusos y franceses las ha encontrado al perforar el fondo del lago Vostok, en la Antártida.
Por qué consiguen sobrevivir bajo tres kilómetros de hielo tiene explicación: debajo existen conductos de ventilación con corrientes de agua cálidas, de las que se aprovechan las bacterias. Los investigadores creen que esas corrientes actúan como sistema hidrotérmico de calefacción en el fondo del lago.
Pero el calor también puede convertirse en el peor enemigo de un microorganismo, afortunadamente para nosotros. Una de las aplicaciones de la nanomedicina para el tratamiento de la infección por VIH se basa en utilizarlo para hacer perder al virus su capacidad infectiva. El Grupo Español de Vacunas Terapéuticas y Preventivas contra el Sida participa en los ensayos con una vacuna terapéutica en la que el virus, a pesar de no ser infectivo, conservará su capacidad para inducir una respuesta inmunitaria que combata la infección cuando se produzca.

La putrefacción produce un fuego silencioso en el cuerpo; los gases se meten en los tejidos y quedan a merced de las bacterias

De alguna forma, los humanos nos parecemos a estos microorganismos termofílicos. Nuestro cuerpo se sirve del calor como mecanismo de alarma ante las infecciones. Y además, le gusta; se adapta a él con facilidad. Por eso dispone de un mecanismo de habituación, que le hace soportarlo mejor. Nos ocurre cuando tomamos un baño de agua caliente. Al rato de sumergirnos en ella, ya percibimos el agua más fría. A lo que no podríamos adaptarnos, porque se basa precisamente en su capacidad de sorpresa, es al insoportable calor en la piel que provoca el arma que ha desarrollado el Ejército de EEUU y estará lista antes del año 2010, según el Pentágono. El dispositivo, denominado Active Denial System, lanza un rayo invisible a la velocidad de la luz, que penetra la piel menos de un milímetro, lo suficiente para causar dolor.

Termocrecepelo
A la misma profundidad  actúa en el cuero cabelludo un tratamiento que estimula los folículos pilosos con calor. Según la doctora que lo ha desarrollado, Krishna Nullia, puede arrinconar las interminables e ineficaces lociones y los tratamientos hormonales. Krishna Nu­llia desarrolló el tratamiento después de fijarse en un curioso detalle: su cabello crecía más rápido cuando residía en países cálidos que cuando lo hacía en zonas frías, de lo que dedujo que el calor tenía algo que ver. Tras darle vueltas, diseñó una terapia que consiste en calentar los folículos capilares con electricidad. La caperuza que coloca en la cabeza de los pacientes durante 20 minutos hace que se dilaten los vasos sanguíneos de la zona, que aumente la circulación y, así, que le lleguen mejor al pelo los nutrientes que lo alimentan.
En la cabeza del grupo de calvos españoles e italianos que lo han probado ha empezado a crecer pelo, asegura la doctora. Quién sa­be si el fuego que, dicen, circula por el cuerpo de españoles e italianos en el primer lugar donde se nota, de

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Solamente los espermatozoides maduros se guían por el calor. Este mecanismo (termotaxis), lo han descubierto en el Instituto Weizmann, de Israel.

verdad, es en la cabeza. 

Como si fueran misiles
Los espermatozoides se plantean alcanzar el óvulo casi como una misión de guerra. De hecho, el mecanismo que utilizan para lograr su objetivo es el mismo que usan los misiles tierra-aire: disponen de sensores de calor ultrasensibles  que los conducen a lo largo de la trompa de Falopio hasta fertilizar el óvulo. El esperma es atraído de la zona más fría de la trompa, donde hay 37ºC, a la más caliente, que registra 39ºC.

Del cerebro al corazón
Los sensores de calor del cuerpo dan la señal de alarma cuando detectan 30ºC en la piel. La orden de librarse del calor mediante el sudor la da el hipotálamo, nuestro termostato natural. Pero a veces ese proceso tiene efectos indeseados: la pérdida de agua puede producir deshidratación. Si no mejora, los tejidos se secan, y entre los más propensos están los cerebrales. Por eso, una de las principales señales de gravedad de alguien deshidratado es la confusión mental. 

Cómo entrenarse en verano
El calor es uno de los peores enemigos del deportista, y para entrenar en verano conviene tener en cuenta los siguientes factores:
–Si la energía calorífica que generamos al hacer ejercicio no fuera liberada, la temperatura de nuestro cuerpo subiría 1ºC cada 5 minutos, lo que nos causaría la muerte al cabo de media hora.
–Afortunadamente, el organismo tiene un mecanismo para mantener la temperatura en unos niveles estables: la sudoración. De ahí la importancia de una hidratación adecuada antes de hacer ejercicio en verano. –Hay que beber medio litro de líquido en la hora anterior a comenzar el entrenamiento, y otros 120 mililitros (el equivalente a un trago) cada 20 minutos mientras se realiza el esfuerzo físico.
–Debido a sus propiedades térmicas, el agua es un conductor ideal para el calor: lo transporta hacia la piel y lo elimina en forma de sudor, lo que enfría elcuerpo.
–Mucha gente cree erróneamente que sudar equivale a perder peso, y por eso añade plásticos y ropa a su equipo deportivo, lo que es un grave error. Al sudar solo perdemos líquido, pero no eliminamos nada de grasa. De esta manera, corremos el peligro de deshidratarnos rápidamente.

Tags: temperatura.

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