MEDIO AMBIENTE

¬ŅQuieres residuos nucleares?

El Gobierno mantiene las centrales

Quo - 14/12/2010

¬ŅQuieres residuos nucleares?
radiaci√≥n Imperecedera La duraci√≥n de la radiactividad de los residuos de alta intensidad que no pueden ser reciclados es de unos 10.000 a√Īos.

El 18 de septiembre parec√≠a que iba a despejarse la duda, pero ese viernes el Consejo de Ministros pospuso una vez m√°s la decisi√≥n. ¬ŅD√≥nde ubicar el Almac√©n Temporal Centralizado que albergar√° durante 100 a√Īos los residuos nucleares de alta y media intensidad? El municipio que lo acoger√° est√° en el aire, y algunos piensan que el proyecto se abandonar√° definitivamente o se postergar√° hasta despu√©s de las elecciones generales de 2012, cuando el Ejecutivo que salga de las urnas pueda asumir el coste pol√≠tico de ubicar el ATC en una localidad en contra de la opini√≥n p√ļblica.

Si el Gobierno nada en la indecisi√≥n, en la otra bancada del Parlamento se mueven como pez en el agua en la contradicci√≥n. Mientras el diputado del PP Javier G√≥mez defend√≠a en un art√≠culo en Estratos, la revista de Enresa, la empresa que gestiona los residuos nucleares, la opci√≥n de construir el ATC, el Gobierno valenciano, del mismo partido, se opon√≠a a su ubicaci√≥n en Zarra. Entre otros argumentos esgrimidos por su vicepresidente, Juan Cotino, por razones medioambientales. La localidad est√° situada en una zona boscosa y, argumentaba Cotino, es necesario analizar la ubicaci√≥n de la planta ‚Äúdesde las principales v√≠as de comunicaci√≥n y los n√ļcleos de poblaci√≥n, con el fin de preservar la percepci√≥n visual del entorno‚ÄĚ.

Detr√°s de las contradicciones y dudas a un lado y a otro del arco parlamentario est√° la mala imagen que la energ√≠a nuclear  y los residuos que genera siguen teniendo entre la opini√≥n p√ļblica. El √ļltimo Eurobar√≥metro refleja que Espa√Īa se encuentra entre el grupo de pa√≠ses que menos apoya la energ√≠a nuclear. Mientras el 44% de los europeos se manifiesta abiertamente a favor de esta opci√≥n, solo lo hace el 24% de los espa√Īoles.  ¬ŅPor qu√©?  En opini√≥n de Jos√© D√≠az, catedr√°tico de F√≠sica Nuclear de la Universidad de Valencia, el rechazo es proporcional a la falta de informaci√≥n: cuanto m√°s conocimiento se tiene de esta fuente de energ√≠a, mayor es el apoyo; y a la inversa. Cita el caso de los pa√≠ses m√°s avanzados, como Suecia y Finlandia, donde el ‚Äús√≠‚ÄĚ supera el 60%. En cambio, un informe de 2009 de la Fundaci√≥n Encuentro apunta otras razones: ‚ÄúDesconocer la historia de la energ√≠a nuclear, su relaci√≥n con la bomba at√≥mica, el car√°cter invisible de la radiaci√≥n, el miedo a la proliferaci√≥n nuclear, el temor a lo incontrolable, etc., son argumentos poco t√©cnicos, pero sin los cuales no hay forma de explicar el rechazo de amplios sectores de la poblaci√≥n‚ÄĚ.  

Rechazo social

De puertas adentro, ese rechazo se ha manifestado en docenas de declaraciones de parlamentos autonómicos en contra de la ubicación del ATC en su territorio desde que el 29 de diciembre de 2009 se abrió el plazo para que los municipios interesados presentaran sus candidaturas. La fecha se fue posponiendo desde 2006, pero la decisión no puede alargarse sine die; entre otras cosas, por razones económicas.

A partir del 1 de enero, Espa√Īa tendr√° que pagar 60.000 euros al d√≠a a Francia en concepto de dep√≥sito por tener en su suelo los residuos de alta intensidad de Vandell√≥s I, desmantelada tras un grave accidente en 1988. Los desechos ten√≠an que haber regresado ya, pero el retraso en la construcci√≥n del ATC o de una f√≥rmula alternativa ha obligado a prolongar su almacenamiento en la planta de La Hague, una mezcla de cementerio nuclear y de factor√≠a de reciclaje de combustible. Este se traslada a la planta en transportes a prueba de fuego y de choques, y se deposita durante tres a√Īos en grandes piscinas con agua desmineralizada a cuatro metros de profundidad. Transcurrido este tiempo, se extraen de cada una de las bobinas p√©rtigas de 3,5 cent√≠metros que contienen los distintos componentes del material nuclear, y se disuelven en √°cido para separar uranio, plutonio y productos de fisi√≥n.

El uranio y el plutonio empiezan de nuevo el ciclo, utiliz√°ndose como combustible, mientras los desechos se fusionan para convertirlos en vidrio. Hablando con propiedad, es la basura nuclear. Al borde de los acantilados de la costa de Normand√≠a  se conservan 84 contenedores de residuos para los que Espa√Īa debe encontrar una ubicaci√≥n antes de 2015, fecha tope estipulada en el contrato entre Enresa y Areva, la empresa que gestiona la planta francesa. En La Hague se almacenan residuos, pero el verdadero negocio del coloso galo est√° en la construcci√≥n de nuevos reactores y en el reciclado de residuos. Su objetivo con respecto a Espa√Īa es que nuestro pa√≠s se replantee la construcci√≥n de un ATC y opte por enviar el combustible utilizado a Francia.

Areva ‚Äúvende‚ÄĚ esta opci√≥n como la alternativa verde. ‚ÄúTiene la ventaja de que preserva los recursos naturales de uranio, muy escasos, y el coste del combustible resultante es equivalente al  del uranio natural‚ÄĚ, apunta un portavoz de la compa√Ī√≠a.

M√°s que verde, a Carlos Bravo el procedimiento que se sigue con los residuos le parece de color negro: ‚ÄúUtilizar la palabra reciclado es una perversi√≥n, porque las t√©cnicas que se usan ba√Īando los componentes en soluciones √°cidas para separar cada uno de ellos producen 160 veces m√°s residuos que los que han entrado en el proceso‚ÄĚ.

El precio de reprocesar

A las razones medioambientales que aducen los ecologistas en contra del proceso se suma la meramente econ√≥mica de las compa√Ī√≠as el√©ctricas propietarias de las centrales espa√Īolas: han calculado que el coste de reprocesar una tonelada de residuos es un 60% m√°s caro que el uranio enriquecido que se adquiere en el mercado, lo cual supondr√≠a un gasto adicional de 6.000 millones de euros al a√Īo.

Por este motivo, nuestro pa√≠s opt√≥ por construir un ATC, a la espera de que los avances tecnol√≥gicos permitan su uso en el futuro, como apunta Carlos D√≠az: ‚ÄúMuchos de los residuos radiactivos ser√°n √ļtiles en diez, veinte o treinta a√Īos o bien como fuente de energ√≠a de fisi√≥n, como en el caso del plutonio, o bien en aplicaciones tecnol√≥gicas, como es el caso del americio‚ÄĚ. Mientras estos llegan, hay que buscar una ubicaci√≥n para los residuos que generan las centrales.

¬ŅQu√© opciones hay? Propuestas ha habido para todos los gustos; algunas radicales. Bernard Cohen plante√≥ en 1990 arrojarlos al fondo del mar, y James Lovelock sugiri√≥ en el a√Īo 2000 abandonarlos en la selva del Amazonas y otros entornos naturales, alegando que as√≠ se conseguir√≠a proteger estos espacios de la invasi√≥n humana.

Cohen sosten√≠a la base cient√≠fica de su idea: los residuos vitrificados, alojados en contenedores de acero inoxidable, podr√≠an aguantar miles de a√Īos en el fondo marino sin sufrir la corrosi√≥n, y en caso de que esta se produjera, el vidrio que contiene no se disolver√≠a en el mar. Seg√ļn sus c√°lculos, todos los residuos radiactivos cabr√≠an en el equivalente a 100 campos de f√ļtbol. Visiblemente satisfecho con su teor√≠a, Cohen argumentaba: ‚ÄúNo se me ocurre ninguna raz√≥n para no resolver el problema de los desechos de esta manera sencilla, econ√≥mica y segura‚ÄĚ.

A Carlos Bravo, la idea le parece una ‚Äúocurrencia‚ÄĚ sin ninguna base cient√≠fica: ‚ÄúDe hecho, un comit√© internacional de expertos concluy√≥ que los contenedores no resist√≠an la acci√≥n corrosiva del agua ni la presi√≥n de las grandes profundidades‚ÄĚ. Bas√°ndose en estos informes, se prohibi√≥ arrojar residuos radiactivos al mar en 1972. La propuesta de Lovelock se basa en una observaci√≥n en los alrededores de la central de Chernobyl: la vida salvaje ha vuelto a su entorno todav√≠a con altas dosis de radiactividad, y sin embargo, dice, no han aparecido animales con mutaciones y las especies gozan de una estupenda salud.

En la monta√Īa

Una soluci√≥n menos extrema que las sugeridas es el Almacenamiento Geol√≥gico Profundo, AGP. La UE tiene sobre la mesa esta opci√≥n como posibilidad para ubicar definitivamente los desechos de todas las centrales. Los partidarios de esta idea dicen que una instalaci√≥n de este tipo es menos vulnerable a un eventual ataque militar, y por otra parte tambi√©n es m√°s f√°cil de defender que no tener un mont√≥n de instalaciones esparcidas por los 25 pa√≠ses de la Uni√≥n. Seg√ļn el profesor D√≠az: ‚ÄúEs mejor almacenar los residuos en dep√≥sitos geol√≥gicos, a los que se considera como aut√©nticas minas de preciadas materias primas a las que se puede recurrir en el futuro, m√°s que como basureros radiactivos‚ÄĚ.

En opini√≥n de los grupos ecologistas, estos argumentos forman parte de los ‚Äúmitos‚ÄĚ en torno a la energ√≠a nuclear, que anuncia adelantos tecnol√≥gicos que solucionar√°n casi todos los problemas, pero que nunca llegan. En el mismo sentido, el Informe de la Fundaci√≥n Encuentro apunta que este es uno de los factores sociales que contribuyen al rechazo social: ‚ÄúLa ciencia no ayuda mucho a despejar incertidumbres; siempre estamos a 50 a√Īos de lograr la fusi√≥n at√≥mica, los residuos nucleares ‚Äėpronto‚Äô se reciclar√°n para ser utilizados de nuevo como combustible, y no son pocos los √°mbitos donde ‚Äėha ocurrido lo que es casi imposible que ocurra‚Äô.‚ÄĚ Esto se aplica a todas las instalaciones nucleares, y tambi√©n al ATC.

Francisco Castej√≥n, f√≠sico nuclear y miembro de Ecologistas en Acci√≥n, recuerda lo ocurrido en la central nuclear de Kashiwazaki. Se contruy√≥ ‚Äúa prueba de terremotos‚ÄĚ, pero en 2007 sufri√≥ una fuga de 1.300 litros de agua radiactiva precisamente por los efectos de un se√≠smo. Sin salir de casa, Carlos Bravo, de Greenpace, recuerda el grave accidente en Vandell√≥s I, ‚Äúque estuvo a punto de liberar 200 toneladas de CO2 radiactivo y oblig√≥ a desmantelar la central‚ÄĚ.

En los 50 a√Īos de historia de la fisi√≥n nuclear no se ha llegado a un consenso t√©cnico sobre qu√© hacer con los desechos y d√≥nde depositarlos de manera segura. En ese escenario, lo m√°s l√≥gico como primera medida, seg√ļn las organizaciones ecologistas, ser√≠a dejar de producir m√°s residuos. Por eso se oponen a la construcci√≥n de un ATC. ‚ÄúSu aprobaci√≥n fue un hecho clave en la historia de la energ√≠a nuclear en Espa√Īa, ya que la puesta en marcha de esta instalaci√≥n puede permitir tanto una prolongaci√≥n de la vida de las centrales como un hipot√©tico relanzamiento nuclear‚ÄĚ, se√Īala un informe de marzo de este a√Īo de Ecologistas en Acci√≥n.

En estos momentos hay en Espa√Īa unas 4.000 toneladas de combustible gastado depositados provisionalmente en el per√≠metro de las centrales nucleares, cifra a la que hay que sumar el de La Hague, a la espera de ser repatriado. Descartadas las soluciones de ciencia ficci√≥n, y teniendo en cuenta que ninguna instalaci√≥n puede ofrecer una seguridad al cien por cien, solo hay tres opciones: el Almacenamiento Geol√≥gico Profundo (AGP), el Almac√©n Transitorio Centralizado (ATC) y el Almac√©n Transitorio Individual (ATI). 

Los grupos ecologistas son partidarios de esta √ļltima, que se construir√≠a en cada central y tiene la ventaja de que elimina los transportes con material radiactivo. Como inconveniente, su mayor vulnerabilidad al estar en superficie y su coste por tener que disponer de un almac√©n por central. El ATC es la opci√≥n m√°s barata (costar√° 700 millones de euros), pero en su contra opera el riesgo a√Īadido del transporte de los residuos. Como soluci√≥n definitiva, muchos pa√≠ses contemplan dejar los residuos en las entra√Īas de la tierra, como ha hecho Finlandia en Olkiluoto. Este Almacenamiento Geol√≥gico Profundo proporciona mejor protecci√≥n f√≠sica, pero es m√°s dif√≠cil  vigilar el estado de los residuos.

En superficie. La planta mide 1 km de ancho por 3 de largo. Como en un iceberg, solamente un tercio de las instalaciones est√° a la vista. 
Subterr√°nea. Por seguridad, la mayor parte de las instalaciones est√° a 22 metros de profundidad.
Llegar a un consenso

Sea cual fuere la opci√≥n, todos los expertos est√°n de acuerdo en que lo mejor es que se llegue a ella por consenso, como se hizo en Pa√≠ses Bajos con el ATC que ha servido de referencia al espa√Īol. ¬ŅSer√° Espa√Īa capaz de lo mismo? Jos√© D√≠az es pesimista: ‚ÄúLo m√°s seguro es que la soluci√≥n peor es la que salga adelante y nos quedemos sin energ√≠a nuclear, de manera que dependamos del exterior, lo cual ser√≠a malo para nuestros bolsillos‚ÄĚ. Para Carlos Bravo, de Greenpace, habr√≠a que empezar de nuevo el proceso porque es ‚Äúnulo de pleno derecho, ya que no se han hecho estudios t√©cnicos ni de seguridad para ubicar el ATC‚ÄĚ. Nadie quiere la basura nuclear, y a las puertas de unas elecciones, menos.

Sobre la posici√≥n de los partidos planea la mala imagen que tiene lo nuclear en Espa√Īa, aunque hay expertos, como Vicente Jim√©nez, de la Universidad Aut√≥noma de Madrid, que piensan que la desconfianza se basa ‚Äúm√°s en una percepci√≥n que en la realidad, de la misma forma que se piensa que el avi√≥n es menos seguro que el coche, cuando ocurre justo todo lo contrario‚ÄĚ.   


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