ECOLOGÍA

Los peces abisales podrían alimentar al mundo, pero ¿a qué precio?

Es un interrogante producto de los hallazgos de la expedición Malaspina

Juan Scaliter - 22/03/2016

Los peces abisales podrían alimentar al mundo, pero ¿a qué precio?
Imagen de un pez linterna, una de las especies (Cyclothone) considerada como el vertebrado más abundante del planeta vive entre los 200 y los 1.000 metros de profundidad. Crédito: Peter Rask Møller, Universidad de Dinamarca

La vida en las penumbras oceánicas, entre los 200 y los mil metros de profundidad, esconde una enorme fuente de recursos de proteínas y ácidos grasos omega 3. Así lo afirman los estudios realizados por la expedición Malaspina que circunnavegó el globo. Los datos son sorprendentes.  En un trabajo publicado en Nature Communications, Carlos Duarte, oceanógrafo español, señalaba que hasta el 95% de la biomasa formada por peces vivía a esta profundidad. El hecho de que esta biomasa sea 10 veces superior a lo pensado (algunos hablan de 30 veces), tiene profundas implicaciones en nuestra comprensión del flujo de carbono en los océanos”, explica Xabier Irigoyen, investigador, también español del AZTI-Tecnalia y de KAUST (Arabia Saudí) y también uno de los autores del estudio. Las estimaciones señalan que a dichas profundidades existen cerca de un millón de especies aún no descriptas y a cada ser humano le corresponderían 1,3 toneladas de peces, excluyendo krill y calamares.
Ahora, un nuevo estudio, también firmado por españoles con la colaboración de expertos daneses, ingleses y lusos, intenta explicar el rol que desempeña esta comunidad en la preservación de la biodiversidad, su influencia en el clima y su potencial para alimentar a la población mundial. La fauna abisal, en este sentido, es una gran desconocida y por lo tanto explotarla con fines alimenticios aunque muy rentable, puede producir enormes daños a escala global si no se hace de modo sostenible. Por ahora la tecnología y los medios para hacer uso de esta fuente de alimentos no está disponible, pero es cuestión de tiempo. Y los expertos proponen que se hable ya mismo sobre el tema.
El oceanógrafo Michael St. John, de la Universidad Tecnológica de Dinamarca y líder del estudio publicado en Frontiers,  concluye que “A medida que los recursos costeros comienzan a estar sobreexplotados, las zonas más profundas comienzan a despertar interés y el temor es que esto lleve a una fiebre del oro no regularizada a medida que la tecnología esté dispoible y los costes justificados. La comunidad global se enfrenta a un gran desafío. De todas las investigaciones en las que he participado, esta es la que aborda el tema más importante. Estoy seguro”.


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