curiosidad

Galería de animales disecados

Las interioridades de los museos

Vicente Fernández - 10/08/2011

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La fotografía y la taxidermia tienen mucho en común, ya que ambas son técnicas consagradas a la preservación. La primera, de la imagen, y la segunda, de la fisonomía y de la anatomía de los cuerpos. Dos artes que parecen extrañas, pero que el fotógrafo Richard Barnes ha logrado hermanar con su fabulosa serie de imágenes titulada Animal Logic.

Durante diez años, el artista ha recorrido algunos de los más prestigiosos museos de historia y ciencias naturales del mundo, retratando con su cámara lo que sucede entre bastidores, aquello que los visitantes jamás podrán presenciar.

Barnes ha captado con su objetivo la belleza de lo inanimado; animales disecados y embalados dispuestos a ser transportados a alguna galería, dioramas a medio terminar, donde lo vivo (los decoradores) se codean con lo inerte. “A veces me siento como un enviado del futuro para retratar el pasado”, afirma el artista.

Recreando lo que ya pasó
Pero la cámara de Barnes nos deja también el testimonio de un negocio, la taxidermia, cuyo mayor mercado está en EEUU. Solo en Texas, superan los cien estudios (más de los que hay en España, donde no se llega al centenar) dedicados a disecar animales con destino a los museos.

Junto a ellos, los otros protagonistas de la obra de Barnes son los creadores de dioramas. Equipos formados por historiadores, decoradores y animadores que recrean escenarios naturales con la mayor precisión posible. Un museo como el Smithsonian de Washington financia cada año la creación de cien nuevos dioramas. Los reemplazados se donan o venden a otras instituciones de menor popularidad, donde estos retablos inanimados disfrutan de una segunda vida. Aunque suene paradójico.


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