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¿Cómo se formó esta ‘ola’ de roca?
Por increíble que parezca, por la erosión del viento durante milenios. Esta famosa “ola del desierto” que está dentro del Parque Nacional de Vermilion Cliffs (Arizona) es una formación geológica única en el mundo, y por eso está muy protegida: solamente admite 20 visitas diarias. Lo primero que ocurrió hace unos 190 millones de años es que las grandes dunas que cubrían el territorio comenzaron a compactarse y endurecerse en el período Jurásico. Estaban (y están) compuestas por areniscas, que son muy vulnerables a la erosión y fáciles de desgranar. Los geólogos creen que, después, inundaciones masivas y muy repentinas comenzaron a crear un lecho serpenteante (tiene unos 10 kilómetros de largo). Por eso dejaron esa forma de ola que le da nombre. El resto del trabajo lo hicieron los vientos jurásicos. El espectáculo son sus anillos de Liesegang, donde el hierro precipitado obstruye los espacios porosos entre los granos de arena y el agua es forzada a moverse alrededor de los depósitos formando patrones concéntricos o paralelos.
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¿Cómo digiere una planta carnívora?
Casi todas las carnívoras utilizan enzimas digestivas (parecido al mecanismo de los jugos gástricos) que fabrican en sus tejidos para digerir a su presa. Funcionan por contacto directo con el tejido animal disolviendo lentamente el nitrógeno y otros elementos nutritivos de los que carecen los suelos pobres donde suelen crecer estas plantas. Otras especies, en cambio, confían en bacterias simbióticas que las ayudan a digerir las duras corazas de los insectos y las partes blandas; esto es muy propio de las sarracenias y Nepenthes (plantas jarra), en cuyo líquido interior habita una gran comunidad bacteriana que disuelve la carne.
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¿Cómo se forman las cuevas de hielo?
De un modo muy esperable: al derretirse un glaciar de la superficie, se filtran enormes cantidades de agua. Cuando en las capas inferiores hay cavidades, el agua resbala por sus paredes, así que el único elemento que falta para convertir el líquido en hielo es el aire frío. Si coinciden las tres circunstancias, se forman las cuevas de hielo. No es tan fácil que ocurra, porque los mayores derretimientos de los glaciares se producen en primavera y verano, que es precisamente cuando el aire es menos frío. Aun así, un glaciar siempre filtra agua porque su movimiento produce la fricción de la capa de hielo contra la corteza, y eso genera un calor que desemboca en derretimiento. La diferencia de temperatura entre el verano y el invierno dentro de la cueva no es mucha, pero sí lo suficiente para que también se derrita parte de su estructura, suceso que genera un gran espectáculo: que la cueva cambia de forma cada año.
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¿Hacen algo los árboles para ‘abrigarse’ en invierno?
Sí. Por ejemplo, si el agua de su estructura se helara, el aumento de volumen podría destruir sus células y matar el árbol. Por eso, muchos vegetales segregan distintos anticongelantes químicos. ¿Más? En los árboles perennes, sus hojas son pequeñas para minimizar las pérdidas de temperatura. Algunos otros de este tipo tienen vellosidades que funcionan de cámara de calor. Otro mecanismo cuando llega el invierno es el de “pintar” las hojas de un color verde más oscuro para absorber más el sol. Y los caducifolios concentran la savia en las raíces.
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¿Qué es el albedo de un bosque?
Es la cantidad de radiación solar que es devuelta a la atmósfera tras chocar con una superficie. Al depender de lo blanca que sea la superficie, las nubes devuelven 79 vatios por m2, el 27 % de lo que reciben, y la superficie terrestre, de media, 23 vatios por m2, un 4%. Un pequeño cambio en estos valores puede variar la temperatura terrestre. Se da la paradoja de que si plantamos bosques como sumidero de CO2 contra el calentamiento, a lo mejor logramos que suba la temperatura, ya que el color oscuro de las masas forestales retiene el calor porque no lo refleja.
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¿Por qué los árboles Ginkgo biloba resistieron la bomba de Hiroshima?
Porque vivieron tiempos peores, por así decirlo. Como el ginkgo (su nombre común) es un árbol que existía hace ya millones de años, cuando la atmósfera terrestre era mucho más rica en oxígeno y radiaciones que ahora, desarrolló sistemas de defensa contra ese exceso de oxidación. Tenemos que pensar que entre los efectos que provoca una explosión nuclear de esta magnitud se encuentra una fuerte radiación ionizante que produce precisamente una oxidación muy rápida en los tejidos vivos. La oxidación es una de las razones del envejecimiento de los seres vivos, y como el Ginkgo biloba aprendió a combatirla, no es raro que sea capaz de vivir incluso más de mil años (China presume de tener un ejemplar de 3.500, pero no se ha demostrado). De ahí que se le tenga por un “fósil viviente”, ya que, además, no quedan parientes de esta especie en todo el globo. A partir de la desaparición de los dinaosaurios (65 millones de años atrás) solo sobrevivieron tres especies.
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¿Qué tipos de nubes hay?
Cirroestrato. Mezcla entre el cirro y el estrato. Es transparente al sol y la luna, y a veces forma un halo a su alrededor.
Cirrocúmulo. Son líneas de pequeños cúmulos redondeados. También son cristales de hielo, pero se alinean en vetas.
Altoestrato. Está formando por varias capas uniformes de gotas de agua blancas o grises.
Estrato. Es una nube baja formada por una sola o pocas capas de gotas.
Nimboestrato. Suele ser una capa gris uniforme que produce lluvia casi siempre.
Cirro. Es la nube más alta. Está formada completamente por cristales de hielo.
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¿Las plantas marinas también echan flores?
Sí. Por ejemplo, algunas fanerógamas que eran terrestres y “volvieron” al mar. Pero no tienen colores llamativos porque no hay insectos a los que atraer para realizar la polinización. Esta se lleva a cabo gracias a la propia agua. La posidonia (una fanerógama) tiene unas flores verdosas y se agrupan en pequeñas inflorescencias de unos 3 cm de largo. Su floración se produce entre septiembre y noviembre. Su fruto, la “aceituna de mar”, es pequeño.
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¿No se podría aprovechar para algo el calor de los volcanes?
Sí, y de hecho ya se hace. Los países centroamericanos, con mucha actividad volcánica, están instalando centrales geotérmicas para generar electricidad y depender menos del petróleo. Por ejemplo, en las laderas del volcán guatemalteco Pacayá se ven tuberías por las que baja agua fría y retorna vapor a 175ºC. En estas centrales se hacen pasar las conducciones por cámaras magmáticas (piedra fundida) o por rocas calientes para generar vapor. Cuando este sube, empuja una turbina donde, igual que en la dinamo de una bicicleta, la energía motriz se convierte en electricidad.
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¿Es cierto que hay semillas que necesitan fuego para germinar?
Es verdad, son las de las llamadas plantas pirófitas. Usan los incendios (naturales, por causa del calor o de tormentas, y provocados) para propagar y hacer crecer sus semillas. Las plantas maduras, tras la floración, encierran y protegen sus semillas en cáscaras duras, que a su vez se alojan dentro de los frutos que penden de sus ramas y tallos. Allí “esperan” protegidas los años que haga falta, hasta que se produce el incendio y toda la zona se calcina. Debido a las altísimas temperaturas, los frutos se abren y las cáscaras de las semillas se ablandan y caen al suelo. Lo mejor de todo es que la zona, tras el fuego, carece de parásitos y de otras plantas que le hagan competencia.
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¿Hay algún sitio en el mundo donde no suba ni baje la marea?
Sí, hay lugares donde apenas se nota la subida y bajada de las mareas. Están situados aproximadamente en los sectores centrales de los grandes océanos y en ambos hemisferios. A estos puntos se los denomina anfidrómicos (“alrededor del recorrido” mareal), y en ellos la amplitud de la marea es prácticamente nula. En los mares pequeños y cerrados, la variación se nota, pero es muy pequeña comparada con el Pacífico, por ejemplo.
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¿Hacen las plantas injertos espontáneos entre ellas?
Muy pocas veces se ha observado este fenómeno de manera natural entre dos especies distintas. Pero lo más normal sería que por compatibilidad de los tejidos deban de pertenecer a la misma familia (por ejemplo, rosáceas, como los ciruelos, manzanos, melocotoneros...).
Aunque los injertos espontáneos son más habituales entre miembros de la misma especie, las hayas por ejemplo son famosas por eso, ya que dos ramas o raíces que se tocan en el bosque tienden a unirse y juntar sus tejidos. También muchos frutales y olivos juntan ramas o raíces bajo tierra, no se sabe muy bien qué puede aportar como beneficio a esos dos árboles, aunque pudiera ser que con ello ganaran estabilidad, de la misma manera que se ensamblan los andamios de una obra, unos con otros, para coger mayor altura.
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¿Es cierto que el agua del Mediterráneo y del Atlántico no pueden mezclarse?
No es del todo correcto. En Gibraltar existe un intercambio de aguas de tal modo que las aguas atlánticas entran en el Mediterráneo en superficie, y las del Mediterráneo salen en profundidad. Así que se forma una “picnoclina”, una masa de agua de densidades diferentes (por la distinta salinidad y temperatura), que dificulta su mezcla. Las aguas atlánticas, al circular en superficie por el Mediterráneo, aumentan su salinidad, y cuando se enfrían en invierno se hunden mezclándose con las aguas mediterráneas. Pero las del Mediterráneo no cambian su densidad y tardan mucho tiempo en mezclarse con el agua atlántica. Así que a veces se aprecian masas aún sin mezclar a mucha distancia de Gibraltar, ya dentro del océano Atlántico.