BIOTECNOLOGÍA

Usan bacterias para detectar minas enterradas

Es una nueva técnica desarrollada por la Universidad Hebrea de Jerusalén

Juan Scaliter - 11/04/2017

Usan bacterias para detectar minas enterradas
Gracias a unas bacterias modificadas es posible detectar de forma remota la presencia de explosivos. Crédito imagen: Hebrew University

Desde 1975, UNICEF calcula que más de un millón de personas han sufrido amputaciones o la muerte debido a las minas . En total cerca de 800 personas mueren debido a estos explosivos cada mes. Se estima que en 64 países hay más de 100 millones de minas que aún no han explotado.
El mayor desafío técnico en la limpieza de los campos minados es la detección los explosivos. Desafortunadamente las tecnologías no han avanzado mucho desde la Segunda Guerra Mundial, lo que significa que los expertos arriesgan su vida a la hora de limpiar las zonas afectadas. Y los habitantes de áreas cercanas lo hacen a diaria.

Ahora, investigadores de la Universidad Hebrea de Jerusalén dirigidos por Shimshon Belkin, han conseguido desarrollar lo que podría convertirse en una solución muy esperada. Todas las minas terrestres liberan pequeñas cantidades de vapores de los explosivos que se acumulan por encima de ellas y sirven de marcadores para detectarlas. El equipo de Belkin modificó unas bacterias para que emitan una señal fluorescente al entrar en contacto con estos vapores, lo que permitiría prácticamente “ver” la ubicación de las minas.
Su trabajo, publicado en Nature Biotechnology, se basó en encapsular las bacterias en pequeñas perlas o cuentas hechas de polímeros, que se dispersaron a través de la superficie de un campo de ensayo en el que minas antipersonas reales se habían enterrado. Utilizando un sistema de escáner láser, el campo de prueba se analizó de forma remotamente y se determinó la ubicación de todas las armas.

"Nuestros datos de campo – explica Belkin en un comunicado – muestran que los biosensores que diseñamos pueden ser útiles en un sistema de detección de minas terrestres. Para que esto sea posible, hay que superar varios desafíos, como mejorar la sensibilidad y estabilidad de las bacterias, mejorar las velocidades de exploración para cubrir grandes áreas, y hacer que el aparato de escaneo sea más compacto para que pueda ser utilizado a bordo de una aeronave o un drone”.
La gran ventaja de este avance es que la detección se puede realizar de forma remota: una nave no tripulada lanza los sensores y luego analiza la región para señalar los objetivos.


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