MEDICINA

Trasplante de cara completo

Retos de una técnica aún experimental

24/08/2010

El primer trasplante total de cara del mundo se llevó a cabo el pasado marzo en el Hospital Vall D'Hebron de Barcelona. Cuatro meses más tarde, el receptor, Óscar, se presentaba en público y aseguraba que reconocía su imagen anterior.

Para ello, ha tenido que someterse a un procedimiento médico aún experimental, cuyos retos nos explica el jefe del equipo que lo llevó a cabo, Juan Pedro Barret. "En primer lugar, esta intervención disipó la duda de que se pudiera obtener el conjunto de piel, musculatura y huesos como un bloque completo, como un órgano”, declara. Tampoco estaba claro que la sangre pudiera llegar a todas las partes de la cara y retornar por los pocos conductos de salida que le habían dejado. Afortunadamente, así fue y se evitó el peligro de que alguna zona quedara necrosada.

Otro de los puntos inciertos de esta intervención era el de la aceptación psicológica del nuevo físico por parte del paciente. El hecho de que, además de la piel, se le incorporaran el maxilar superior, la mandíbula y los pómulos del donante, abría dudas sobre hasta qué punto el nuevo rostro mantendría reminiscencias del antiguo. Pero parece ser que nuestra apariencia física está determinada por todo el conjunto de nuestra cabeza, porque, a pesar de que el resultado es más alargado que la cara anterior de Óscar, éste se ha reconocido con su nuevo aspecto. Además, en opinión de Barret "la sensación de verse normales, dentro aún de las deformidades por hinchazón y la funcionalidad todavía incompleta, les hace adaptarse en seguida a la nueva fisonomía".

En cuanto al futuro, los pacientes de este tipo de trasplantes son conscientes de que están en fase experimental y no se conocen ni las reacciones a largo plazo de los tejidos, ni las del organismo por aguantar una importante supresión de por vida. En este sentido, el hecho de haber trasplantado huesos de la cara abre una nueva vía para la expectación. "Estamos detectando con difrents técnicas si los linfocitos de donante y receptor acaban haciendo una especie de reacoplamiento genético para que el sistema inmunológico del receptor pueda aceptar los nuevos tejidos como propios", explica Barret. Además de ser una gran ayuda para evitar el rechazo, esto abriría la puerta a nuevas formas de tratamiento para otros trasplantes.