SOCIEDAD

Dime qué hueles y te diré a quién votas

De acuerdo con un estudio, todo se basa en el asco

Juan Scaliter - 28/02/2018

Dime qué hueles y te diré a quién votas
En el estudio se comparó si quienes más disgusto mostraban por los olores tenían más probabilidades de votar a Trump. Crédito imagen: Gage Skidmore

El asco es una emoción básica que nos ayuda a sobrevivir. Cuando algo nos produce repulsión, arrugamos la nariz y entrecerramos los ojos, básicamente disminuyendo nuestra percepción sensorial de lo que nos rodea. Así, el asco es una protección contra las cosas que son peligrosas e infecciosas, cosas que queremos evitar.
En relación a esto, un grupo de científicos,liderados por Jonas Olofsson y Marco Tullio Liuzza, ha desarrollado una teoría: debía existir una conexión entre los sentimientos de asco y cómo una persona querría que la sociedad se organizara. Los expertos señalaban que aquellas personas con un fuerte instinto para distanciarse de los olores desagradables también preferirían una sociedad donde los diferentes grupos se mantuvieran separados.

Para comprobarlo desarrollaron una escala en la cual los participantes debían calificar sus niveles de disgusto hacia olores corporales, tanto propios como ajenos. “Los resultados – explica Olofsson en un comunicado – demostraron que las personas que mayor disgusto mostraban por los olores, era más probable que votaran a Donald Trump que aquellos que eran menos sensibles. Algo que resulta interesante porque Donald Trump habla con frecuencia sobre cómo mujeres o inmigrantes le disgustan. Hubo una conexión sólida entre cuan asqueado se sentía alguien por un olor y su deseo de tener un líder similar a un dictador que pueda suprimir los movimientos radicales de protesta y garantizar que los diferentes grupos “permanezcan en su lugar”. Ese tipo de sociedad reduce el contacto entre los diferentes grupos y, al menos en teoría, disminuye la posibilidad de enfermarse”.

Los resultados del estudio, publicados en Royal Society Open Science, podrían interpretarse como una sugerencia de que las opiniones políticas autoritarias son innatas y difíciles de cambiar. Sin embargo, Olofsson cree que se pueden cambiar incluso si están profundamente asentados: “la investigación ha demostrado que las creencias pueden cambiar. Si el contacto se crea entre grupos, los autoritarios pueden cambiar. No está marcado a fuego. Por el contrario, las creencias se pueden actualizar cuando aprendemos cosas nuevas”.



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