El ADN del Misterio
Fenómenos paranormales
La auténtica naturaleza de lo paranormal
Lorena Sánchez - 20/08/2009
Bajo nivel de conciencia
Hay gente que ve y siente cosas maravillosas. “Visitantes de dormitorio” que no les dejan salir de la cama; observan perplejos su propia ?gura caminando en el espejo en dirección contraria a la que ellos llevan; son cientos de miles los que relatan avistamientos extraterrestres, viajes astrales y posesiones diabólicas. Y lo más fabuloso es que no mienten. Dejando fraudes a un lado, que desde luego los hay, una legión de presencias, duendes y fantasmas nos acompaña a diario. Ahora, los científicos buscan la naturaleza de estos fenómenos, su ADN, y por qué nos asustan.
“Entre el 10 y el 15% de personas que no tienen un trastorno psiquiátrico sufren alguna vez una alucinación, un delirio que se mantiene como real contra todo argumento”. Lo sostiene Vicente Molina, psiquiatra del Hospital Universitario de Salamanca. “Los más frecuentes se producen justo antes o justo después de dormir, cuando nuestros niveles de conciencia disminuyen, y también en situaciones de duelo, cuando acabamos de perder a un ser querido. El 50% de los sujetos que viven el fallecimiento de un familiar muy cercano, en algún momento sienten su presencia o creen oír su voz”.
Hablar con los muertos aterra y consuela; los mercaderes de lo paranormal lo saben bien. El gran éxito de la última edición de la Univ-Con, conferencia anual sobre fenómenos paranormales que se celebra en EEUU, fue el Teléfono de la Muerte, de Thomas Edison. Su creador, un ingeniero de Colorado llamado Frank Sumption, asegura haber encontrado el “gran secreto” de Edison, quien, según un mito recurrente, buscaba la manera de comunicarse con el más allá. Sumption describe su prodigio como una radio que capta las frecuencias en las que emiten los espíritus vagabundos. En YouTube es posible hacerse una idea de cómo funciona esta güija estridente.
Hablamos sobre todo ello, sobre los miedos, sobre los fantasmas y la muerte, con un experto en química cerebral. Desde su despacho en el Hospital 12 de Octubre, el psiquiatra Gabriel Rubio explica, mientras la luz tenue de la mañana nos acompaña, por qué son tantos los seres queridos que acostumbran a quedarse entre nosotros. “Nuestro cerebro es una máquina de predicción. Se anticipa unas milésimas de segundo a lo que va a ocurrir en función de la información previa. Esto nos permite, por ejemplo, adaptar nuestro cuerpo para sortear un escalón antes de que sea demasiado tarde. En el caso de vivir un duelo, el cerebro aventura que esa persona que hemos perdido va a estar ahí, donde siempre solía estar. Frente a la tele, en la cocina. Llegas a casa y son las dos, suena la puerta, como siempre ocurría cuando él o ella estaba a punto de llegar, y ves que entra, porque es lo que tu cerebro ‘sabe’ que va a ocurrir”.
Es también pura química y electricidad cerebral la que genera esa luz al final de un angosto túnel presente en las experiencias cercanas a la muerte de miles de personas en todo el mundo (un 18% de quienes sobreviven a una parada cardiorrespiratoria, según un estudio holandés).
La reina Noor cuenta en Memorias de una vida inesperada (Plaza & Janés) la experiencia del rey Hussein, su marido: “Era el año 1984. Yo estaba en Aqaba, cuando recibí una llamada telefónica de urgencia para informarme de que mi marido estaba críticamente enfermo… Hussein se había desangrado casi hasta la muerte [...] Cuando llegué, había sido reanimado después de recibir varias transfusiones. Me contó lo que le había ocurrido: No sentía dolor, ni temor, ni preocupaciones. Yo era un espíritu libre, flotando por encima de mi propio cuerpo. Era más bien un sentimiento agradable. Vi una luz brillante. Me di cuenta de que me estaba yendo, y me dije a mí mismo que debía volver…” Las sensaciones coinciden en todos los relatos: abandonar el cuerpo, placidez, visiones de seres (a menudo ángeles)… y otros acontecimientos, a los que hasta hoy se ha dado carácter paranormal.
Ahora, por primera vez van a ser tratados como un síntoma de ese cataclismo biológico que supone la muerte. En estos momentos, en la Universidad de Southampton, Reino Unido, desarrollan el primer estudio a gran escala sobre las ECM (siglas de experiencias cercanas a la muerte). El estudio lleva el nombre de AWARE, y consiste en hacer registros cerebrales durante el proceso que comienza cuando el corazón deja de latir (parada cardiorrespiratoria) hasta que todo termina. Pueden transcurrir de unos segundos a una hora. El estudio se está realizando en 25 centros hospitalarios británicos, europeos y norteamericanos.
La interpretación que cada uno le dé a una vivencia tan estremecedora como la relatada por Hussein de Jordania forma parte de nuestro esquema cognitivo particular. Aquello que cada uno ha decidido, o le han enseñado a creer. Un escéptico explicará la luz brillante que vio el rey jordano como un estertor neurológico de un cerebro que se agota. Una persona religiosa no dudará en explicarlo como el paso esperado al paraíso: “Es muy difícil que alguien escéptico tenga una alucinación y la interprete como una abducción por un extraterrestre”, comenta el doctor Rubio.
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