¿Estamos cerca de la criopreservación?

Entrevistamos al cirujano Javier Cabo. “En el futuro no habrá muertos vivientes sino vivos latentes”

Calcula que, para 2080, podrán congelarse los cuerpos de los enfermos sin tratamiento y despertarlos, para curarlos, cuando se haya encontrado el remedio. Javier Cabo copreside el Congreso Internacional de Longevidad y Criopreservación que comienza el jueves en Madrid, el cual está organizado por la Fundación VidaPlus. Quo, medio oficial del evento, ha conversado con el cirujano que, entre otras cosas, llevó a cabo el primer trasplante de corazón pediátrico de España.

Andrés Masa - 19/05/2017

Imagen del científico Javier Cabo

Llevó a cabo el primer trasplante de corazón pediátrico en España y cuenta con más hazañas: implantó el primer corazón artificial en nuestro país en 2006 y organizó el primer banco de injertos cardíacos español. Piensa que verá cosas aún más alucinantes antes de que le llegue su hora... si es que le llega. Javier Cabo (Pontevedra,1962) vislumbra un increíble futuro para la humanidad, con un nuevo concepto de la vida y de la muerte. Es la idea de fondo que guía el primer Congreso Internacional de Longevidad y Criopreservación, que se celebra en Madrid, Sevilla y Barcelona y en el que Cabo participa como estrella invitada.

P. ¿Qué hace un cirujano como usted en un congreso como este?
R. El mundo de la cirugía cardiovascular fue uno de los precursores de la criopreservación. En los años 40 y en los 50 necesitábamos prótesis para reemplazar partes del tejido cardíaco y se empezaron a utilizar injertos frescos, partes del cuerpo de cadáveres y del propio paciente, homoinjertos. Era difícil tenerlos en el momento en que se necesitaban y se empezó a plantear la criopreservación del cuerpo humano. Se empezó con la de tejidos cardíacos, que popularizó Mark O’Brien en 1975.

P. Entonces, ¿ahora se trata de sustituir cuerpos enteros? ¿Hay un momento perfecto para intentarlo?
R. El caso ideal para la criopreservación es una persona que esté viva y a quien, por ejemplo, le diagnostiquen un cáncer como el de páncreas, de muy mal pronóstico y con muy poca supervivencia en el momento actual. Llegado el momento, esa persona puede llegar a decidir que, antes de morir, quiere que la criopreserven. No llega a ser una eutanasia porque no quiere morir, lo que quiere es tener una vida latente para que, cuando la descongelen, siga teniendo el cáncer de páncreas pero haya tecnología suficiente como para que la curen. Ni está muerta ni el cáncer la mata porque las células, las sanas y las cancerosas, no tienen metabolismo y no se replican. Todo queda latente.

P. ¿Pero eso es posible?
R. Yo pienso que tardará en serlo. Por lo que puedo intuir, hasta el año 2080. Pero hay que trabajar para poner los medios científicos para que acabe siendo una realidad. Igual que yo puedo criopreservar una válvula cardíaca o se puede hacer otro tanto con un óvulo y luego crear un embrión y un ser humano, con el desarrollo tecnológico, sobre todo con la nanotecnología, se podrá criopreservar un cuerpo entero y, posteriormente, reparar los daños ocasionados por el frío.

P. ¿Y qué diferencia hay entre criopreservar una célula y un cuerpo humano?
R. Criopreservar una sola célula, como el ovocito, es algo fácil. Pero el ser humano tiene miles de millones de células y eso es mucho más complicado. Los organismos complejos no logran sobrevivir a la criopreservación: si metes una nécora viva en el congelador, al descongelarla está más muerta que Tutankamón. Se necesitan crioprotectores mejorados.

“Hay que preservar al ser humano cuando aún es un solomillo, no cuando sus células ya han muerto y se pudre”

P.  Pero habrá órganos más fáciles de preservar...
R. El corazón sería de los más sencillos. En 1992 trabajé con Cryolife, la empresa líder mundial en temas de criopreservación. El objetivo era preservar mediante esta técnica corazones enteros para poderlos tener como posibles donantes para los trasplantes. Y esta es una investigación que aún sigue en marcha.

P. ¿Y tendrá usted que criopreservarse para ver los frutos del desarrollo de estas técnicas que se imagina?
R. Creo que no, que va a ser una realidad y que tardará poco.

P. En cualquier caso, ¿usted se congelaría?
R. Yo no, pero por problemas más de pensamiento que de otra cosa. ¿Qué hago yo dentro de 200 años, si no conozco a nadie? Todos mis referentes ya dejaron de existir, entonces, ¿para qué quiero volver?

P. Pura filosofía...,
R. Sí, totalmente. Eso es lo apasionante de todo esto.

P.  Además, igual resulta que se despierta y no le queda ni para pagar el alquiler.
R. Ese es otro tema. ¿Qué pasa con las herencias? ¿Qué sucede con la persona que está en animación suspendida? ¿Está viva o muerta? Legalmente está muerta, pero biológicamente está viva. Es decir, que ahí hay un debate jurídico muy importante y ese es uno de los temas que ha motivado la celebración de este congreso. Es un debate legal, jurídico, económico, de seguros.

P. ¿Dice usted que habrá muertos vivientes?
R. No son muertos vivientes, son vivos latentes. Pero sí. Pienso que la criopreservación hay que hacerla antes de que haya muerte biológica, muerte celular. Ese es el gran error. Si la persona ha muerto... yo es que no creo en la resurrección. Habría resurrección en la época de Jesucristo, dicen que él resucitó a Lázaro, pero yo soy escéptico con todas esas cosas.

P. O sea, que las personas que actualmente están en este estado tienen poco futuro...
R. Para mí, son momificaciones. Personalmente, pienso que con el estado del arte actual no es biológicamente viable. Siento tener que ser así de duro, pero ahora, cuando te mueres, tienes tres opciones: que te incineren, que te entierren y que te metan en una cápsula para congelarte.

P. ¿Y la última opción es como congelar un filete en mal estado?
R. Exactamente igual. Hay que criopreservar al ser humano cuando todavía es un solomillo, no cuando está podrido y sus células están muertas. Date cuenta de que cada minuto que pasa después de la muerte hay cantidad de células corporales que también se mueren y ya no sirven para nada. Está demostrado que, en la primera hora, más del 23 por ciento de las células corporales se mueren. Hoy por hoy es inviable que cuando se determina que una persona está muerta se inicie el proceso de criopreservación en menos de una hora.

Si Cabo está en lo cierto, la clave para que los astronautas hagan viajes a otras galaxias está en congelarlos en un estado de animación suspendida.

P. Todo esto suena un poco extraño. ¿Qué le hace pensar que es factible?
R. La esperanza te la da ver la evolución de la ciencia, todo lo que era impensable hace años y hoy en día es una realidad. Yo tengo un libro de cirugía de los años treinta que dice, literalmente, que al cirujano que toque el corazón casi hay que prenderle en la hoguera. Era inviable que pudieras darle una simple sutura a un corazón. Y de ahí se ha pasado no a tocar el corazón, sino a quitarlo entero, a trasplantarlo. Y cuando extraes un corazón latiendo y lo metes en un tupper con hielo es un trozo de carne, pero cuando lo conectas quirúrgicamente al organismo de un ser vivo, empieza a latir y da vida. Eso parece que está sacado de una película de ciencia ficción, ¿o no?

P. Cambiando de tema, he leído que en alguna ocasión se han referido a usted como un creador de cíborgs...
R. Dicen que los cirujanos cardiovasculares somos creadores de cíborgs y hay una razón. Cuando se inició la cirugía cardíaca, en los años 50, se comenzó a poner prótesis mecánicas dentro del corazón; esa persona ya estaba viviendo gracias a un elemento que no es biológico, que es un trozo de titanio. Posteriormente, se empezaron a implantar marcapasos, que son elementos biológicos que están dentro de una persona que depende de ellos. Ya no digo si son resincronizadores, si son desfibriladores y corazones artificiales... Yo es que tengo mucha experiencia en implantar cientos de marcapasos, resincronizadores, desfibriladores e, incluso, corazones artificiales.

P. De hecho, usted trajo a España algunas técnicas pioneras, ¿verdad?
R. Sí. Hice el primer implante de corazón artificial externo pediátrico, en 2006. Fue en un niño de cinco años que estaba prácticamente muerto. La única indicación que tenía para que no se muriera era un trasplante cardíaco, que no teníamos en ese momento, o ponerle un corazón externo. Estas técnicas yo las había aprendido años atrás cuando estuve formándome en Estados Unidos y, posteriormente, en Alemania. En la Universidad de Washington yo ya había trabajado en los primeros implantes de corazón artificial. Al final, el niño estuvo ocho meses con este corazón, hasta que apareció un donante. Fue el primer caso en todo el mundo en el que se empleó un corazón artificial externo con un pulmón artificial asociado.

P. ¿Ocho meses haciendo una vida normal?
R. Totalmente normal. El pequeño llevaba su corazón en un carrito, y los niños le preguntaban cómo es que tenía el corazón fuera. Se veía como latía, se veía la sangre... Pero él se iba a tomar su hamburguesa al McDonald’s como uno más. Una vida absolutamente normal.

P. Ahora me explico que su plan para criopreservar personas en el espacio no le parezca una locura.
R. Es una de las ideas que tengo, desarrollar un cápsula espacial para meter el organismo en animación suspendida dentro y poderlo mandarlo, por ejemplo, a la mesosfera. Se trata de una zona fuera de la corteza terrestre que es fácil de alcanzar y donde la temperatura es idónea porque está entre los 100 y los 200 grados bajo cero. Así te olvidas de todos los requisitos de criopreservación que tienen las empresas en la superficie terrestre, donde deben usar unas neveras especiales, tienen que mantener unos controles específicos para que no baje la temperatura... En el espacio ya tienes el clima ideal.

Quo será ‘media partner’ del Primer congreso Internacional  de Longevidad y Criopreservación

Fechas

Madrid: 25, 26 y 27 de mayo.
Sevilla: 29 de mayo   
Barcelona: 30 de mayo.
Más información en www.crionica.org


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