El cerebro debería tomar decisiones económicas racionales...
Pecado capital
La avaricia es capaz de mover o arruinar el mundo. Para entenderla, repasamos su base neurológica y sus consecuencias económicas.
Iñaki de la Torre Calvo - 21/11/2008- SUMARIO:
- Pecado capital
- La codicia nubla la objetividad de quien gasta o invierte...
- ... le hace olvidar que el dinero es un medio, y no un fin...
- ... y hasta logra deshumanizar las empresas familiares
- La conclusión es que las decisiones se distorsionan...
- ... menos en los profesionales de la avaricia...
- ... aunque quizá todo obedezca al instinto de supervivencia
- Datos de la crisis. Basta con ver cómo ha subido la vivienda...
- ... y qué tipo de empresas son las
- ... para entender la codicia y los subterfugios de sus directivos
- Se han pagado enormes indemnizaciones...
- ... a ejecutivos, ahora que está en duda que el liberalismo que defendían enriquezca a todos o, al menos, el que se basa en la especulación
- Así que controlar los precios ayuda, pero no es la panacea...
- ... porque, aun así, la riqueza no se reparte por el mundo, ni siquiera dentro de los países, aunque sean ricos
Explicaciones para la actual crisis puede haber muchas. Nosotros sólo vamos a dar datos objetivos de lo que parece que puede ser una evoluxión lógica:
El cerebro debería tomar decisiones económicas racionales...
La teoría económica clásica (Adam Smith en el siglo XVIII, Keynes en el XX...) presuponía que nos administramos con criterios racionales y de búsqueda del máximo beneficio (o ahorro). La irrupción de las neurociencias y la psicología del consumo comienza a desmentirlo.
... pero está demostrado que no siempre es así...
En 2006, en la Universidad de Stanford (EEUU) descubrieron que, ante una inversión arriesgada, sus brokers “cobayas” se regían más por el sistema límbico (emocional, inmediato) que por el córtex prefrontal (racional, planificador). Es decir, ganar dinero nos da tanta euforia como el sexo y la droga.
... y el afán de ganar aún más es un buen ejemplo de esa desviación
No hay más que medir el ritmo cardíaco, la respiración, la transpiración, la temperatura y la presión arterial de varios inversores para saber si, antes de realizar movimientos millonarios, atienden más a la razón (todos estos parámetros se descompensan menos) o a la emoción (el cuerpo se desequilibra). Es lo que hizo el Massachusetts Institute of Techonology en 2002, y dedujo que en nuestro cerebro se desata una “lucha” interna entre la avaricia/riesgo y la sensatez/precaución.

