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Cyd Charisse
Bañador. Aunque no me gustan los tópicos, esta vez no los voy a eludir. Las de Cyd Charisse han sido probablemente las mejores piernas de la historia del cine. De todas formas, si sus méritos solo se redujeran a eso, probablemente su carrera no habría llegado muy lejos. Fue una bailarina excelente y una actriz cuando menos, notable. Sus apariciones en Cantando bajo la lluvia (1952), Siempre hace buen tiempo (1954) o Melodías de Broadway (1954), son realmente impresionantes. Poseía un rostro bello y un cuerpo hermoso además de atlético y musculado, que movía como una serpiente. Sus números de danza junto a Gene Kelly o Fred Astaire forman ya parte de lo mejor de la historia del cine musical.
Pero yo me sigo quedando con uno de sus trabajos de madurez. Su papel en Chicago años 30 (1958), un pequeña gema del cine negro en la que encarnaba a una antigua estrella de variedades, cuya carrera empieza a declinar, y que se enamora de un abogado lisiado. Es una historia de amor entre dos perdedores que no han sabido aprovechar las oportunidades que les brindó la vida, y que tratan de atrapar su último tren. Aunque eso suponga que un gangster lascivo y leta les ponga en su punto de mira.
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Debra Paget
Bikini. Vale... lo que luce la actriz en esta película no es exactamente un traje de baño, pero al menos es un dos piezas, ¿no? La imagen pertenece a la célebre secuencia de La tumba india (1959), una deliciosa película de aventuras de Fritz Lang, en la que la sacerdotisa encarnada por Debra Paget tiene que bailar para hipnotizar a una cobra si quiere salvar el pellejo.
Sobra decir que con semejante cuerpazo, la chica no solo hipnotizó a la serpiente en cuestión sino a todos los millones de espectadores que han visto la película. Me gustaría señalar también que la Paget (que estaba especializada en papeles raciales... de india, mestiza, egipcia, hebrea....), además de una mujer de rompe y rasga, era una actriz magníifica, y con una filmografía excelente, en la que figuran títulos como Flecha rota (1950), La última caza (1956) o Los diez mandamientos (1958).
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Julia Adams
Bañador. Si hay una imagen sexy que sea icónica en el cine de ciencia ficción de serie B de los años 50, esa es la de Julia Adams con su bañador blanco, acosada por una aberrante criatura con disfraz de goma en La mujer y el monstruo (1954), una película de Jack Arnold que pese a la escasez de medios es una auténtica joya retro.
Retomando el cuento de la bella y la bestia de manera un tanto libre, el filme nos muestra a Julia en el papel de una bellísima científica (uno empieza a creer que en ciertos laboratorios de EE UU hacen castings para contratar al personal femenino), a la que que durante una expedición al Amazonas no se le ocurre mejor idea que zambullirse con su ceñido traje de baño, despertando la lujuria de una enamoradizo monstruo prehistórico (cruce entre humanoide y anfibio).
Aparte de esta película, la Adams tiene una filmografía nada despreciable en la que se pueden encontrar perlas como Horizontes lejanos (1952), de Anthony Mann, El desertor del Alamo (1953), de Bud Boetticher, o Historia de un condenado (1953), de Raoul Walsh. Formó pareja con Rock Hudson en varias películas, antes de que este se tropezara con Doris Day, pero nosotros siempre la recordaremos como la mujer que nos demostró que la belleza (femenina) aplaca a las fieras. O, en este caso, a los monstruos.
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Martine Beswick
Bikini. ¿Cómo vestía las mozas de Atapuerca? Hay dos posibles respuestas. Una seria y rigurosa, que sería la que nos diera Juan Luis Arsuaga, y otra más fantasiosa, que es la que podemos obtener viendo esta película titulada Mujeres prehistóricas (1967). En ella, la morenaza Martine Bestwick interpreta a Kala, la perversa reina de una tribu de mujeres neolíticas (todas ellas bien depiladitas, con cuerpazos de fitness y aspecto de estar recién salidas de la peluquería), que cabalga sobre un rinoceronte y luce tipazo en un bikini de piel al más puro estilo de Los Picapiedra.
La película es una joya del kitsch realmente disfrutable, y es uno de los trabajos más recordados de esta actriz británica. La Bestwick se hizo popular gracias a la famosa escena de la pela entre dos gitanas macizas en uno de los primeros filmes de James Bond, Desde Rusia con amor (1962).
Y se consagraría definitivamente como mito erótico gracias a su inolvidable papel en El doctor Jeckyll y su hermana Hyde (1971), una morbosa versión de la novela de Stevenson, en la que el protagonista, por efectos de la pócima, se transformaba en su reverso femenino... y viciosa. Muy viciosa.
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Caroline Munro
Bikini. Creo que de este monumento de mujer ya he hablado en alguna ocasión anterior. Esta belleza británica, se curtió en las filas del cine de terror producido por la Hammer, pero se la recuerda especialmente por haber sido la protagonista de dos películas de aventuras.
Una de ellas magnífica, El viaje fabtástico de Simbad (1973). Y la otra, de un cutre que la hace resultar casi entrañable, Star Crash (1978), un remedo italiano de Star Wars, donde ella lucía sexy hasta decir basta. Luego coqueteó también con el ultragore, convirtiéndose en la víctima de psicópatas varios en filmes como Maniac (1980), y la hipersangrienta Los depredadores de la noche (1987), del inclasificable Jesús Franco.
Hasta se condeó con Paul Naschy en la lamentable El aullido del diablo (1988). Luego, harta del mundo del espectáculo, dejó el cine y se convirtió... ¡en misionera! Laica, pero misionera. Caroline, por favor, ven y conviérteme. La salvación de mi alma te necesita.
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Nadia Cassini
Pues ni lo uno ni lo otro. ¿Estamos ante la mejor espalda y el mejor culo de la historia del cine? Pues, hombre... yo no soy muy amante de las afirmaciones tan categóricas, pero me atrevería a decir que casi. Y para reafirmar mi afirmación por eso he elegido una foto de la moza sin ropa alguna mostrando los encantos de su retaguardia.
Desafortunadamente, el nombre de esta bellísima actriz norteamericana afincada en Italia, está ligado al cine más trash que uno pueda imaginar. Su filmografía se compone de auténtico material de derribo, principalmente comedias eróticas del estilo de Cuando los hombres usaban cachiporra y las mujeres hacían ding dong, La profesora baila con toda la clase, o La doctora seduce al coronel.
Pero aún así, entre tal acumulación de celuloide basura, aún podemos encontrar un filme decente (el único) en su currículum: Historias peligrosas (1971), una deliciosa comedia de intriga y humor negro, en la que Nadia se midió cara a cara con el mismísimo Michael Caine. ¿Podría haber demostrado más como actriz?
Desafortunadamente, nunca lo sabremos, ya que a mediados de los 80 dejó el mundo del espectáculo tras ser víctima de una trágica intervención quirurgica en la que por una negligencia médica su hermoso rostro quedó desfigurado.
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Catherine Bach
Bikini. Uno de mis mitos catódicos. Esta monada fue la protagonista de una serie de TV de los años 70 titulada The Dukes of Hazzard. Por estos lares no es muy recordada, y el telefilme tampoco era gran cosa: la típica historia de aventuras sureñas con contrabandistas de licor, sheriffs y persecuciones de coches. Pero se salvaba gracias a ella, poseedora de uno de los mejores pares de piernas que he visto en una pantalla (por supuesto, tras las de Cyd Charisse, Cristina Higueras y Marlene Dietrich).
Eso sí, nadie ha lucido los minishorts como ella. Ya que esta era una galería de trajes de baño, no he podido poner una foto suya en pantalón corto, pero busquen su nombre en Google, que está lleno de fotos de ella, y ya verán, ya verán...
En cuanto a la pantalla grande, su carrera no fue gran cosa. Se ligó con un jovencísimo Jeff Bridges en Un botín de 500 mil dólares (1975), la estupenda ópera prima de Michael Cimino, y coprotagonizó El hombre de la medianoche (1974), un extraño y curioso thriller dirigido por Burt Lancaster.
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Barbara Bach
Bañador. Que quieren que les diga... Con esos ojazos y esa figura, cae hasta el más pintado. De hecho el propio James Bond fue incapaz de resistirse a sus encantos. Porque Bárbara saltó a la fama en la película La espía que me amó (1977), en la que encarnaba a la agente rusa Anya Amasova, la única mujer en toda la saga que ha logrado tomarle el pelo a 007. ¿Pero quien se lo podría reprochar, verdad?
El resto de su filmografía, pues... no es nada del otro mundo. Subproductos italianos a porrillo, del estilo de La isla de los hombres peces (1978), y filmes absurdos como Cavernícola (1981), en cuyo rodaje conoció al que sería su marido, el ex Beatle Ringo Starr.
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Dina Meyer
Bikini. Admitámoslo, esta chica no ha tenido la suerte que merecía en el cine. Dina Meyer (en primer plano en el poster) se dió a conocer como una de las protagonistas de aquella extravagante odisea galáctica dirigida por Paul Verhoeven titulada Starship Troopers (1996).
Una película que ha resultado casi gafe para todo su reparto, ya que ninguno de sus protagonistas ha logrado desarrollar una carrera decente. La Meyer demostró que era una actriz bastante competente en Poodle Spring (1998), adaptación de una novela de Raymond Chandler que protagonizó al lado de James Caan, quien encarnaba al mítico Philip Marlowe. Pero a partir de ahí, se ha limitado a lucir su cuerpazo en filmes de la más baja ralea.
Interpretó a la agente del FBi Kerry en las tres primeras entregas de la sangrienta serie Saw (se la cargaban en la tercera partiéndola por la mitad), y la hemos visto recientemente en Piraña 3D, luciendo tan guapa como siempre y convertida en apetitosa fast food para los voraces pececillos de marras. En fin, Dina... Sabemos que vales y esperamos que algún día te den un papel a tu altura.
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Thäis Henríquez
Bañador. Esta bellísima canaria es a mi juicio la deportista más guapa que ha dado España. Ya se que para gustos se han hecho los colores, y que muchos de ustedes tendrán sus propias favoritas. Estoy dispuesto a discutir sobre el tema cuando quieran. Pero mientras llega el momento, me limitaré a decir que la chica fue miembro de la exitosa selección nacional de natación sincronizada, en los tiempos en los que Gemma Mengual era la capitana.
Además de por sus éxitos deportivos, Thäis se hizó muy popular a principios de la década de 2000, por protagonizar un anuncio de Desnatados Danone en el que lucía su escultural anatomía en un escueto bikini verde. Actualmente creo que trabaja de modelo. No es actriz. Pero ya que algunos productores se empeñan en convertir a dicha profesión a nulidades como Pilar Rubio, no veo por qué Thäis Enríquez no podría hacer sus pinitos en la pequeña pantalla. Lo ibamos a disfrutar.
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Patricia Velásquez
Bikini. No voy a decir que este bellezón venezolano (mestiza, ya que es medio india wayuú), sea una gran actriz, pero su presencia en cualquier película siempre resulta fresca y agradecida. Su carrera principal es la de modelo, pero se hizo muy popular interpretando el personaje de la pérfida Anck-Su-Namun en las dos entregas de La momia.
También ha encarnado papeles de más riesgo, como el de la esposa del dictador cubano en el telefilme Fidel, o el de la mujer del revolucionario mexicano Emiliano Zapata en la biografía que acaba de rodar Alfonso Arau.
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Cristina Higueras
Bikini. Bien, acabamos de entrar en el terreno de las palabras mayores. Desde una posición totalmente subjetiva, tengo que afirmar que nos encontramos ante una de las mujeres más bellas que se han visto jamás en un escenario o en una pantalla.
Pero es que además de impresionantemente hermosa, la Higueras es una actriz magnífica. Es cierto que el cine no ha sabido aprovecharla, y que su filmografía, además de reducida, no es muy destacada, sobresaliendo Malaventura (1988), sin duda su mejor película, y algún que otro título como Dark mission (0peración cocaína) (1988) e Historia de un recluso (1987), que destacan por diversas razones.
En cambio, en el teatro ha demostrado ser una actriz impresionate y a la que no hay género que se le resista. Ha sabido ser realmente encantadora interpretando vodeviles intrascendentes como Alta seducción, y al mismo tiempo ha bordado sus trabajos protagonizando obras de autores de la talla de Eurípides, Edgar Neville, Yukio Mishima o Lilliam Hellman.
Además es productora (con un gusto exquisito para elegir piezas que fusionan calidad y comercialidad), escritora, novelista, tertuliana... Aunque creo que uno de sus mejores papeles lo ha interpretado en el campo del cortometraje, en una pequeña joya titulada Te llamaré a las cinco, basada en un texto de Dorothy Parker, y en el que Cristina realizaba un torur de force interpretativo tan asombroso e intenso como cautivador... Ah, y por si todavía no se habían dado cuenta, lo diré de una vez: Cristina Higueras es mi actriz preferida.