ASTROFÍSICA

El Sol se ha debilitado 10 veces en 10.000 años. Ahora también

El astrofísico japonés Saku Tsuneta nos habla del peculiar ciclo solar actual, cómo buscar vida extraterrestre y si de verdad merece la pena ir a Marte

Pilar Gil Villar - 06/09/2016

Saku Tsuneta
© Cortesía de Fundación BBVA

Es alto, cercano y de una corrección solícita. Nos encontramos para la entrevista en una sala de la Fundación BBVA, antes de su conferencia El Sol y la vida en otros planetas, dentro del ciclo La ciencia del cosmos, la ciencia en el cosmos. Saku Tsuneta es vicepresidente de la Agencia de Exploración Aeroespacial de Japón (JAXA) y director del Instituto de Ciencia Espacial y Astronáutica (ISAS) de la misma. Nuestra estrella ha constituido uno de los principales temas de su estudio. Por eso, me gustaría empezar nuestra conversación pidiéndole que lo saque del ámbito académico.

P. ¿Qué le diría a un niño para interesarle por ese Sol que damos por hecho cada mañana?

R. (Sus ojos me sonríen con sorpresa) Después de 30 años estudiándolo, el Sol ya es algo muy cotidiano para mí. Esa pregunta tiene mucha frescura y estoy pensando cómo contestarla. Mmm.. Por ejemplo, en la escuela primaria habrá un experimento para ver unos puntos oscuros sobre él, las manchas solares. Pues nadie sabe cómo se crean. El campo magnético de la mancha solar tiene energía y produce grandes erupciones. Nosotros queremos dar respuesta a una cadena de preguntas: por qué el Sol tiene manchas, por qué esas manchas tienen un campo magnético tan intenso y por qué este produce esas enormes explosiones.

Además, en la superficie del Sol la temperatura es de 6.000 grados pero más arriba, en la corona, sube a entre uno y diez millones de grados. ¿Cómo puede una superficie más fría calentar así la corona? Esas son las preguntas que nos plantea el Sol ¿podría ser algo interesante para los niños?

P. Bueno el por qué siempre parece atraer a los niños. Pasando al mundo adulto ¿qué parte hemos conseguido responder?

R. Participé en la misión espacial Yohkoh (de EE UU y Japón) para intentar resolver esos asuntos. Para mi bochorno, la nave que diseñé y lancé encontró más preguntas que respuestas, pero vamos progresando. En 1995, a partir de sus datos, publiqué un descubrimiento sobre el tema: las explosiones solares se producen por la aniquilación de la energía del campo magnético. El campo magnético de la superficie solar desaparece por alguna razón. Pero su energía se conserva, calienta la superficie y lanza una llamarada de plasma. Es un ejemplo de que la observación de una nave resolvió la cuestión fundamental de cómo se producen las erupciones solares.

P. Ese campo magnético provoca además una distribución peculiar de los polos ¿qué consecuencias tiene esto?

R. El campo magnético de la Tierra no cambia, por eso podemos encontrar el norte con una brújula. Los polos del plasma en la superficie solar, mucho más violenta, cambian cada 11 años, por lo que no sabemos dónde está el norte. Esto ocurre porque la intensidad del campo magnético solar, que se genera en el interior de la estrella, es inmensa. 100.000 gauss (la unidad que usamos para medirlo) comparados con los 0,5 en la Tierra. Lo crea un mecanismo llamado dinamo. La oscilación del campo magnético tiene que ver con esa dinamo que le proporciona su gran intensidad, la cual termina por formar manchas solares que influyen en nuestro clima.

P. ¿Cómo nos afectan esas manchas a los humanos?

R. Entre 1645 y 1715, justo después de que Galileo Galilei las descubriera en 1612, el Sol no presentó ni una mancha solar durante 70 años. Y no sabemos por qué. Como si la dinamo se hubiera apagado por alguna razón que desconocemos.

P. ¿Y podemos averiguarla ahora que vuelve a estar “encendida”?

R. Estamos observando el Sol continuamente, día a día, con la misión Hinode, que está en órbita. Vemos que el campo magnético lleva debilitándose ya 30 años, acercándose al mínimo solar. El Sol tiene ciclos: cada once años el número de manchas alcanza un máximo. El próximo tendrá lugar en 2025, si es que llega a producirse.

P. ¿Por qué no iba a hacerlo?

R. Porque los ciclos de 11 años se han parado de pronto. Igual que en 1645. Es algo que me preocupa, aunque como científico me resulta apasionante. Se está produciendo un fenómeno excepcional, que supone la mejor oportunidad para investigar el mecanismo de creación del campo magnético observando la ausencia de manchas solares.

P. Entonces estamos en una situación irregular.

R. Sí. Aunque debo decir que el Sol podría cambiar de idea y volver a la normalidad. Pero si alcanza el mínimo de Maunder [la práctica desaparición de las manchas solares] se producirá un fenómeno de inmenso interés para los astrofísicos como. Me atraen los campos magnéticos desde hace 30 años, y este sería un momento único. Espero que se produzca mientras aún estoy en activo.

P. ¿Y a los no científicos cómo nos afectaría?

R. Nadie sabe cómo afectan las manchas solares a nuestro clima, pero en aquel período de 1645 a 1710 hizo muchísimo frío en la Tierra. En Kyoto (Japón) se alcanzaron temperaturas muy bajas, según los registros históricos. Hace muy poco que se ha empezado a comprender la estrecha relación entre el número de manchas solares y la temperatura terrestre. Cuanto menos manchas, más baja la emperatura. Es muy extraño.

P. Si el Sol está disminuyendo su actividad, eso podría interferir en nuestro estudio del cambio climático actual. ¿Se está teniendo ya en cuenta ese fenómeno en los modelos sobre el calentamiento global?

R. Yo creo que el calentamiento global se debe al efecto invernadero. Hay quien puede atribuirlo al Sol, pero no estoy de acuerdo. Aunque también quiero destacar que el Sol podría estar afectando de manera significativa nuestro clima y eso no se está teniendo en cuenta aún en las simulaciones medioambientales globales. Como no conocemos el mecanismo de causa efecto, no sabemos cómo hacerlo. Y me pregunto qué pasará con la temperatura cuando volvamos a tener otro mínimo en 20 años. Yo creo que el efecto del Sol reduce 1 o 2 grados la temperatura y eso anularía por completo el efecto invernadero.

P. Sí, durante el mínimo solar. Pero no conocemos la causa real y ralentizamos las medidas para paliar el calentamiento, cuando el Sol aumente su actividad, nos llevaremos una sorpresa desagradable.

R. Justo ese es el problema. Se trata de un fenómeno pasajero, que puede durar de 50 a 100 años. Pero el Sol vuelve a la normalidad. Lo sabemos porque ya ha ocurrido unas diez veces en los últimos 10.000 años. Nuestros ancestros ya vivieron algo así. Esta no es una situación única y tenemos que abordarla. Esto no puede convertirse en una excusa para abandonar el tema del CO2. Hay que buscar el equilibrio.

Si controlamos las emisiones en la producción y el calentamiento deja de aumentar, puede que un mínimo de Maunder enfriara demasiado la Tierra. Es decir, si lo hacemos demasiado bien, podríamos tener un problema. Pero si no lo hacemos bien,... (calla significativamente)

P. Tendremos problemas más tarde.

R. Sí. Esto es sólo un boceto de la situación, sin datos cuantitativos. Pero los astrónomos y los meteorólogos debemos colaborar. No es fácil, porque nuestros lenguajes son diferentes. Nosotros nos concentramos en el Sol y ellos en la Tierra. En Europa, Estados Unidos y Japón ambas partes son conscientes del problema, pero no existe aún una conversación en torno a él.

P. ¿Cuál sería la última gran pregunta que nuestros descubrimientos nos han planteado acerca del Sol?

R. A mí me interesa sobre todo la relación entre el número de manchas solares y el clima. Y los últimos progresos que hemos hecho nos dicen que tenemos pruebas muy buenas de que el número de manchas solares controla de verdad el clima terrestre. Es un gran descubrimiento científico, pero desconocemos la razón.

P. Por tanto la pregunta sería ¿por qué?

R. Efectivamente. Cuando lo entendamos, podremos realizar modelos por ordenador que nos permitan elaborar predicciones para el futuro.

P. Alejándonos del Sistema Solar, usted ha declarado que no es realista pensar en ir a planetas de otras estrellas ¿Cuál es la causa?

R. La estrella más cercana, Alpha Centauri, está a unos cuantos años luz, no sé el número exacto. Eso significa que, con la velocidad de la luz, tardaríamos esos cuantos años en llegar allí. Pero nuestras velocidades son mucho, mucho menores. Necesitaríamos varias generaciones para alcanzarla. Teóricamente podríamos ir, pero en la práctica resultaría imposible. Yo creo que lo más inteligente sería enviarles una señal.

P. ¿De qué tipo?

R. Una señal de radio de alta frecuencia que les dijera “estamos aquí”. Ellos reconocerían que no es natural. Tendría la velocidad de la luz y, si hay alguien en Alpha Centauri y la ven, podrían enviarnos otra diciendo “estamos aquí”. Suponiendo que Alpha Centauri esté a cuatro años luz, cada cuatro años tendríamos señales yendo y viniendo.

P. ¿En una especie de ping pong de señales?

R. Si hace 20 años un científico o científica hubiera dicho estas cosas, habríamos pensado que había perdido la cabeza. Pero la situación ha cambiado por completo en los últimos años. La misión Kepler de la NASA ha descubierto miles de planetas. La mitad de las estrellas del universo tienen al menos uno. Y muchos son planetas afortunados como el nuestro: sólido (no gaseoso), con una temperatura ni demasiado alta ni demasiado baja, con tamaño suficiente y en la zona habitable.

P. Pero su sistema solo nos permitiría detectar una clase de vida capaz de entender nuestras señales y emitir otras similares.

R. Creo que hay que ir paso a paso. Ahora que conocemos muchos planetas en la zona habitable, podemos elegir uno. Necesitaremos un telescopio de próxima generación para analizar su atmósfera y descubrir si tiene oxígeno, dióxido de carbono, metano, ozono. Los ingredientes esenciales para la vida, que llamamos biomarcadores. Es una prueba circunstancial de que existe alguna forma de vida, porque no tenemos observación directa. Pero si un planeta, por ejemplo, en Alpha Centauri, tiene esos biomarcadores, quizá deberíamos enviarle una señal. Hay muchas estrellas y no podemos enviar señales a ciegas. Hay que seleccionar.

P. ¿Es un sistema factible?

R. Hace 20 años, cuando el movimiento SETI empezó a buscar señales de las estrellas, yo era estudiate y, sinceramente, pensaba que aquello era una forma de malgastar la vida. Pero he cambiado radicalmente de opinión. Estaba equivocado. Si hay vida aquí ¿por qué no en otros planetas? Las reglas del juego están cambiando muy rápido.

P. ¿A raíz de lo que vamos descubriendo?

R. Sí. Y seguramente con consecuencias para nuestra cultura y nuestra forma de pensar en los próximos años.

P. Regresemos al espacio cercano y pensemos en Marte ¿Debemos enviar humanos allí?

R. La NASA, la ESA y nuestra agencia en Japón están mandando sondas a varios planetas, asteroides y cometas. Marte es de los más interesantes, porque, si excavas en su suelo, empiezas a encontrar agua. Agua helada. Y se cree que allí hubo atmósfera y un océano. Yo creo que necesitamos expediciones sin tripular para investigarlo. No necesariamente con seres humanos.

Si me pregunta si deberíamos enviar personas, eso no es una cuestión astrofísica. No sé si es política, de orgullo nacional o simplemente una ambición humana lo de llegar a Marte. Yo dirijo un instituto espacial. Me preocupa el dinero y, al menos en Japón, sería muy difícil hacer algo así, desde el punto de vista económico.

P. Pero ¿podría hacerse técnicamente?

R. Sí. De acuerdo a las leyes de la física y, si lo preparamos paso a paso, se podría ir y vivir allí. La NASA es la única con capacidad para llevarlo a cabo. Y Japón está considerando participar, al igual que los europeos. Debería ser un esfuerzo internacional. Esto no es la misión Apollo.

P. Y ¿le parece una buena idea?

R. En el programa Apollo los astronautas trajeron muchas muestras y eso nos ayudó mucho a conocer la Luna. Del mismo modo, hay cosas en Marte que solo los humanos podrían hacer. Se trata de colocar la inversión frente a los resultados. ¿Merece la pena? Es una pregunta que sigo haciéndome.


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